musador
esperando...
Se nos llenan de preguntas
los rincones de la espera,
redonditas son por fuera,
espinosas son en sí;
van mutando con el tiempo
llenándose de esperanza...
o quizás de desconfianza
según el viento, otrosí.
Eran cinco los navíos
dominando la bahía
porfiando por quién veía
aparecer el galeón;
los días iban pasando,
iban creciendo las dudas,
en aquellas almas rudas
nacía la decepción.
¿Habrá visto el enemigo
la barca que exploradora
en la más oscura hora
a la playa se acercó?
¿Estarán riendo en las costas
sabiendo que el tiempo juega
en contra de quien lo niega
ganando su dominó?
El tiempo de los marinos
conoce bien los tormentos
que más allá de los vientos
los ahogan en su red:
comiendo carne salada
en todas sus singladuras
la mayor de las torturas
recibe el nombre de sed.
Así fue como vencidos
los orgullosos ingleses
tras ese sitio de meses
por agua debieron ir;
navegando presurosos
se olvidaron de la plata,
que hasta el más fiero pirata
precisa de ese elixir.
Esta mi segunda entrega sobre el galeón de Manila se basa también en el relato que Richard Walter (Anson's voyage round the world, Chap. 23) hace de los intentos de Anson por capturar el galeón español, esta vez entre enero y abril de 1742.
los rincones de la espera,
redonditas son por fuera,
espinosas son en sí;
van mutando con el tiempo
llenándose de esperanza...
o quizás de desconfianza
según el viento, otrosí.
Eran cinco los navíos
dominando la bahía
porfiando por quién veía
aparecer el galeón;
los días iban pasando,
iban creciendo las dudas,
en aquellas almas rudas
nacía la decepción.
¿Habrá visto el enemigo
la barca que exploradora
en la más oscura hora
a la playa se acercó?
¿Estarán riendo en las costas
sabiendo que el tiempo juega
en contra de quien lo niega
ganando su dominó?
El tiempo de los marinos
conoce bien los tormentos
que más allá de los vientos
los ahogan en su red:
comiendo carne salada
en todas sus singladuras
la mayor de las torturas
recibe el nombre de sed.
Así fue como vencidos
los orgullosos ingleses
tras ese sitio de meses
por agua debieron ir;
navegando presurosos
se olvidaron de la plata,
que hasta el más fiero pirata
precisa de ese elixir.
Esta mi segunda entrega sobre el galeón de Manila se basa también en el relato que Richard Walter (Anson's voyage round the world, Chap. 23) hace de los intentos de Anson por capturar el galeón español, esta vez entre enero y abril de 1742.