puroamor
Poeta fiel al portal
Mientras rumiaba en mi vida,
triste, se bajó del techo
el gato gris de mi abuela.
Medroso, se aproximó
y maulló con su congoja
melancólicos sonidos,
que rápido interpreté
como el llanto inusitado
de quien lamenta un adiós.
Con la cola entre sus patas
y la mirada llorosa,
miraba absorto la luna
y giraba prontamente,
buscando desesperado
a su linda gata blanca
que con otro se alejó.
¡Ven aquí tú, gato loco!
¡Ya no sufras más!, le dije.
Así son las gatas viejas…
solo juegan y se van.
Bien comprendo tu sufrir,
pero un día pasará,
y de pronto has de saltar…
¡gata nueva llegará!
El consejo que te doy
yo mismo lo acogeré:
Que la tristeza no mate
cuando se pierda el camino,
pues la vida es un dislate,
¡hasta que piensas con tino!