I
La luz era propiedad prescrita; la noche impedía con sombras la textura de la vereda. Marcaba las 10pm el celular de Emilio, único transeúnte andando por el meandro incierto, exponiéndose a algún percance; pero andada dos cuadras, ningún incidente era dable —¿lo crees así?—.
II
Repentinamente, acercándose a Emilio, dos luces dilatándose, intimidantes:
—No es nada. —Dijo el transeúnte, mientras guardaba su teléfono en el bolso. Tú lo viste.
Era la policía rondando el barrio.
III
Bajaron de la patrulla tres gendarmes, conminándolo a detenerse y mostrara su identificación. Sin ningún inconveniente, Emilio ejecutó lo ordenado. Pero uno de los entes se encaprichó del bolso de aquél, e inquiriéndolo para que mostrara su contenido.
IV
La patrulla se alejaba. Emilio continuó su camino, pero sin poder comunicarse por lo sucedido.
ACLARATORIA
El relato anterior fue verídico. Le sucedió a un primo, justamente anoche al llegar de su práctica de fútbol. Los detalles, algunos son agregados por mi (en el caso de la cantidad de "gendarmes"), y el nombre de "Emilio" no es real de mi primo. Escribí este relato con la intención de denunciar el hecho acontecido.
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