demonio de una mente
Poeta asiduo al portal
Enaltecía profundo al nocturno sopor,
ahí donde yacía triste y callada,
carmesí, su mejilla se llenaba de rubor,
y decía mil poemas, sin decir nada.
Azul intenso, cayó el gigantesco cielo,
y emergió en su piel cual si fuera día,
mientras amarga y gris, una nube fue el velo,
que su piel hecha de cielo cubría.
Y luego llegó mustia, la luna eclipsada,
y sentí volver, algo que se había ido,
entonces busqué y busqué entre su mirada,
el anhelo que yo había perdido.
Contemplándola murieron un par de instantes,
en los que me pregunté con melancolía,
porqué si estaban lejos los astros deslumbrantes,
tan cerca de mí, una estrella había.
Agonizando, la noche llegaba a su fin,
y en sus ojos morían mil cosas divinas,
y luego quedaba tan solo un viejo jardín,
sin lirios ni rosas, pero con espinas.
Enalteciendo de nuevo al nocturno sopor,
la vi una vez más, tan triste y callada,
pero, ¿estaba su rostro repleto de rubor?,
o ¿ quizás solo sangraba mi mirada?
ahí donde yacía triste y callada,
carmesí, su mejilla se llenaba de rubor,
y decía mil poemas, sin decir nada.
Azul intenso, cayó el gigantesco cielo,
y emergió en su piel cual si fuera día,
mientras amarga y gris, una nube fue el velo,
que su piel hecha de cielo cubría.
Y luego llegó mustia, la luna eclipsada,
y sentí volver, algo que se había ido,
entonces busqué y busqué entre su mirada,
el anhelo que yo había perdido.
Contemplándola murieron un par de instantes,
en los que me pregunté con melancolía,
porqué si estaban lejos los astros deslumbrantes,
tan cerca de mí, una estrella había.
Agonizando, la noche llegaba a su fin,
y en sus ojos morían mil cosas divinas,
y luego quedaba tan solo un viejo jardín,
sin lirios ni rosas, pero con espinas.
Enalteciendo de nuevo al nocturno sopor,
la vi una vez más, tan triste y callada,
pero, ¿estaba su rostro repleto de rubor?,
o ¿ quizás solo sangraba mi mirada?