Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
En la puerta de mi casa
encontré un gorrión herido
con una pata dañada
y gimiendo entristecido.
Al verme, muy asustado,
se acurrucó en un rincón
y se quedó muy callado
temiéndose lo peor.
Lo recogí con cuidado
sobre mi mano ahuecada
y así lo fui acariciando
con mi ternura entregada.
Con suma delicadeza
lo introduje en el zaguán
y sobre un paño de seda
le di unas migas de pan.
Las comió sin respirar
recuperando sus fuerzas
y apresurose a volar
para mi grata sorpresa.
encontré un gorrión herido
con una pata dañada
y gimiendo entristecido.
Al verme, muy asustado,
se acurrucó en un rincón
y se quedó muy callado
temiéndose lo peor.
Lo recogí con cuidado
sobre mi mano ahuecada
y así lo fui acariciando
con mi ternura entregada.
Con suma delicadeza
lo introduje en el zaguán
y sobre un paño de seda
le di unas migas de pan.
Las comió sin respirar
recuperando sus fuerzas
y apresurose a volar
para mi grata sorpresa.