Solaribus
Poeta veterano en el portal
Como un ave que le teme a la tormenta,
he corrido hasta la casa de tu cuerpo
a guarecerme en tu espalda de cielo raso,
bajo las columnas de tus brazos,
en los cimientos de tu vientre.
La noche no es sino un ramillete de
golondrinas emigrando hasta tus manos
y toda la piel cabe en este sopor
aturdido de ternura, de fatiga feliz,
de luz de los sentidos,
afilados de esmeril gozo.
Con tus rosas amamantas mis labios
y la esperanza azul de reencontrar la inocencia
que prometí de niño, aunque más no sea
desmayada sobre el brocal de la tierra,
antes que el hastío la ponga en ataúdes, fragmentada.
Sincronizar objeto e idea,
no culmina la búsqueda.
Sólo el Amor,
solo los besos,
solo las linfas de tu orgasmo amalgamando mi ADN,
encienden cirios sobre el mar, amaneciéndolo...
he corrido hasta la casa de tu cuerpo
a guarecerme en tu espalda de cielo raso,
bajo las columnas de tus brazos,
en los cimientos de tu vientre.
La noche no es sino un ramillete de
golondrinas emigrando hasta tus manos
y toda la piel cabe en este sopor
aturdido de ternura, de fatiga feliz,
de luz de los sentidos,
afilados de esmeril gozo.
Con tus rosas amamantas mis labios
y la esperanza azul de reencontrar la inocencia
que prometí de niño, aunque más no sea
desmayada sobre el brocal de la tierra,
antes que el hastío la ponga en ataúdes, fragmentada.
Sincronizar objeto e idea,
no culmina la búsqueda.
Sólo el Amor,
solo los besos,
solo las linfas de tu orgasmo amalgamando mi ADN,
encienden cirios sobre el mar, amaneciéndolo...
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