María Andrea
Poeta recién llegado
EL GRITO DEL SILENCIO
Despiertan los versos que estaban ocultos por años en el baúl de mis pensamientos
Pasaste entre ramas a la casa vieja que moraba entre vientos de hielo y ladrillos de arena
A puertas cerradas y la llave en la manga descubriste siete cuartos cerrados y entraste como bala a uno de ellos
Abriste las puertas que estaban selladas con cerraduras de hierro
Corriste cortinas, abriste ventanas y sellaste candados de llaves de acero
Pero en este momento no hay metal que abra mis sueños como tardes vacías de tus llaves, la magia amiga
Te asomaste y de un soplo lento abriste ventanas con el eco de tu voz por varios momentos eternos
Las cortinas corrieron con tus miradas al cielo
Los pisos crujieron cuando pasaste por ellos
Encendiste mis versos, son mis tesoros muy ciertos
Con tu presencia en mi puerta y las rosa esperada, no dudé al darte el candado sin cerraduras a ese cuarto quieto
Te di las llaves de mi corazón discreto, te asomaste con calma y con tu mirada en la palma del frío que arde en mi alma esperada
Perdida en la lluvia y vista en neblinas divisaste silencios sin una palabra de aquella brisa que lleva el eco del vació en momentos
Que estupidez sentirse vacía cuando tengo tu aire, la magia entre llamas
Que ironía sentirse perdida cuando tu amistad en la mía es aventura que colma abismos entre montañas
Pero no es capricho, ¡es lo que entiendo!
Es el miedo, de que se alejen las hojas que por muy corto o largo que haya sido el tiempo, se rompan en lluvias de flores cegadas con destino al manantial de aguas saladas
El misterio tatuado en pieles de cobre y sellado en corazones de roble rompe diamantes que fueron secretos por varios momentos
Sin colores el cielo, me avisa el desatino de un cuento que solo lleva mi alma cegada
Creí que el desierto que llevaba en miradas estaba cubierto con la nieve escarpada
Pero son mis cantares vestidos en baladas que rompen los ecos del viento a profundas zancadas
Y son mis poemas que descifran el medio, el golpe del viento al silencio y del desierto al fuego
Refuto a las llamas por ser confesable con tanto descaro ante aquellos misterios que aun no entiendo
Me entregaste tu alma y llevo en mi pecho a ese amigo que se vierte en palabras, del cariño que siento
Encendiste los versos que tengo desnudos, cuando me vez me parezco a mi piel
Aun sigue viva la letra vieja de esa canción
De donde nacieron palabras del cariño que siento
¡Tu presencia en la mía es una aventura genial!
MA. Andrea