Me seduce tus ojos de silencio al mirarte,
me seduce tu rostro espejado
cuando la luna se asoma.
Me cortan los labios como desiertos lejanos
cuando nace una luz
que inunda mi alcoba.
Eres la razón de la mirada
consternada de paisaje
envuelta en los árboles con nombre
donde queda el reflejo de un instante mío.
En el espejismo de mi felicidad está tu arma,
renaces de las formas de una historia mía,
férreo diablo, divino veneno
de la rosa que me roza de sombra
y me destroza sin motivo.
Eres al final como la gota de rocío
como el murmullo del río y la noche llena de calor y frío,
eres el imposible cuerpo en un nuevo silencio,
el silencio del grito más alto
interno y sencillo.
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