El grueso muro invisible

Antonio del Olmo

Poeta que considera el portal su segunda casa
EL GRUESO MURO INVISIBLE

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– Buenas noches – dijo él.
– Buenas noches – respondió ella.

Los dos entraron en el ascensor y se miraron en el espejo situado enfrente de las puertas. Pensaron que sus imágenes reflejadas formaban una buena pareja, pero enseguida se dieron la vuelta hacia las puertas. Él miró una mancha en el rincón izquierdo de la cabina. Ella miró una raya en el rincón derecho.

Esta escena se repitió día tras día. Los dos vivían solos en el mismo edificio y coincidían muchas veces en el portal, aunque en la calle seguían direcciones opuestas. Los dos se sentían muy solos, pero su timidez les impedía relacionarse, parecía que un grueso muro invisible les separaba.

Pasaron años y años, hasta que un mal día él dejó su piso. Ella sintió una profunda tristeza y dejó su piso unos días después. Allí sigue la mancha y la raya, en los rincones del ascensor, donde no se atrevieron a mirarse. Así termina una historia de amor que no pudo ser.
 
Última edición:
Lástima, dejaron pasar la oportunidad de lo que pudo haber sido una gran historia de amor...Una micro prosa genial y atrapante!! Felicitaciones, compañero de letras!! Un abrazo

Así es la timidez, como un grueso muro invisible. ¡Ay, cuántas historias felices no han podido ser, ni siquiera empezar!

Gracias por tu comentario, compañero de letras. Un abrazo.
 
Y cuantas historias como ésta se repiten a diario, la timidez, el que dirá, la imposibilidad de la valentía, y el arrullo permanente de la soledad, nos dibuja en su exquisita y profunda prosa. Un placer disfrutar de su hermoso y real escrito, Antonio del Olmo, reciba mi más cordial felicitación y saludo.
 
Yo fui víctima de ese grueso muro invisible, a veces me pregunto, "dónde estaría hoy si...".
Jaja, que ya ni para que recordar.
Un gusto leerte.
Saludos

Muchos hemos sido incapaces de atravesar ese grueso muro invisible.
¡¿Cuántas oportunidades hemos perdido!?

Gracias por tu amable comentario. Saludos desde Madrid.
 
Genial esta historia de ascensores; esa caja que contiene minutos de nuestras vidas entre disimulos... Y en la que nos reconocen nuestros miedos.
Muy bueno, Antonio.
Un saludo desde estas escaleras centenarias.

En la cabina del ascensor podemos estar muy cerca y muy lejos si nos separa el grueso muro invisible. La timidez ha impedido muchas oportunidades para relacionarse.

Un saludo cordial.
 
EL GRUESO MURO INVISIBLE

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– Buenas noches – dijo él.
– Buenas noches – respondió ella.

Los dos entraron en el ascensor y se miraron en el espejo situado enfrente de las puertas. Pensaron que sus imágenes reflejadas formaban una buena pareja, pero enseguida se dieron la vuelta hacia las puertas. Él miró una mancha en el rincón izquierdo de la cabina. Ella miró una raya en el rincón derecho.

Esta escena se repitió día tras día. Los dos vivían solos en el mismo edificio y coincidían muchas veces en el portal, aunque en la calle seguían direcciones opuestas. Los dos se sentían muy solos, pero su timidez les impedía relacionarse, parecía que un grueso muro invisible les separaba.

Pasaron años y años, hasta que un mal día él dejó su piso. Ella sintió una profunda tristeza y dejó su piso unos días después. Allí sigue la mancha y la raya, en los rincones del ascensor, donde no se atrevieron a mirarse. Así termina una historia de amor que no pudo ser.
Tu microprosa es muy buena pero a esta historia de amor imposible le podrías haber añadido un final más feliz. Me ha encantado leerte. Un abrazo amigo.
 
Y cuantas historias como ésta se repiten a diario, la timidez, el que dirá, la imposibilidad de la valentía, y el arrullo permanente de la soledad, nos dibuja en su exquisita y profunda prosa. Un placer disfrutar de su hermoso y real escrito, Antonio del Olmo, reciba mi más cordial felicitación y saludo.

¡¿Y cuántas oportunidades perdemos por culpa de la timidez?!

Gracias por tu acertado comentario. Salud y ventura.
 
Tu microprosa es muy buena pero a esta historia de amor imposible le podrías haber añadido un final más feliz. Me ha encantado leerte. Un abrazo amigo.
Hay que vencer la timidez y otros impedimentos para que todas las historias de amor tengan un final feliz. Con este relato intento animar a los tímidos para que venzan su impedimento.

Un abrazo con salud y ventura.
 

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