El guerrero acompañado

carlos lopez dzur

Poeta que considera el portal su segunda casa
Un día descubrí que la brisa anda conmigo
(y yo sé que no soy dueño de la brisa);
al rato, lloviznó, el agua cayó dulcemente
del cielo y descubrí mi canto grato
(que no cesó cuando el sol advino directo
a mis pupilas y yo sé que no soy dueño
ni del sol ni las lloviznas ni del agua),
pero los elementos anduvieron conmigo.

En la noche, no me quise ir a la cama.
La luna era gigante, plena, como unas mejillas
atersadas por la sospecha mía
de que se antojaron de hablar o susurrar
a mi vigilia su interconexo secreto
(a mí, que no soy dueño de nada
ni de la luna ni otros soles).

Un día descubrí que no hay soledad absoluta.
Que todo es compartible, que basta estar
en calma, que es vencinble la guerra,
ese dolor opaco, esa angustia finita.
Hay un canto sagrado, al parecer invisible,
pero que, sigilosamente, nos busca
el corazón, nos sigue a todos lados.

Por eso yo, el más pobre guerrero,
el que no es dueño de nada,
ni lo divino ni profano, me siento
tan crecido, admitido en los cielos
de la tierra y seguido por la tierra
de los cielos.

22-02-2003 / De El libro de la guerra


http://carloslopezdzur-carlos.blogspot.com/2008/11/el-guerrero-acompaado.html
 
Ta mu xulo tu contenido sazonado con un rigor que me recuerda a los cuentos medievales Sr Carlos, es fabuloso que este aqui metido con gente tan esporadica que seguramente, algun dia, te pedire una historia para mis hijos e incluso mis cercanos amores urbanos...X=..D , bueno,no se que quiero decir con esto, simple y llanamente bien.
Saludos desde Vallekas City, España.
 
Ay apreciado Poeta y amigo Carlos...q dulzura de poema...colmado de bellas imágenes...ni decir del mensaje...perfecto y lleno de armonía...le dejo suspiros de fans...y un entrañable abrazo...gracias por compartirlo...hermoso...Mariela
 
Un día descubrí que la brisa anda conmigo
(y yo sé que no soy dueño de la brisa);
al rato, lloviznó, el agua cayó dulcemente
del cielo y descubrí mi canto grato
(que no cesó cuando el sol advino directo
a mis pupilas y yo sé que no soy dueño
ni del sol ni las lloviznas ni del agua),
pero los elementos anduvieron conmigo.

En la noche, no me quise ir a la cama.
La luna era gigante, plena, como unas mejillas
atersadas por la sospecha mía
de que se antojaron de hablar o susurrar
a mi vigilia su interconexo secreto
(a mí, que no soy dueño de nada
ni de la luna ni otros soles).

Un día descubrí que no hay soledad absoluta.
Que todo es compartible, que basta estar
en calma, que es vencinble la guerra,
ese dolor opaco, esa angustia finita.
Hay un canto sagrado, al parecer invisible,
pero que, sigilosamente, nos busca
el corazón, nos sigue a todos lados.


22-02-2003 / De El libro de la guerra


http://carloslopezdzur-carlos.blogspot.com/2008/11/el-guerrero-acompaado.html

Que bello poema amigo Carlos, me quedo con estos versos......

Por eso yo, el más pobre guerrero,
el que no es dueño de nada,
ni lo divino ni profano, me siento
tan crecido, admitido en los cielos
de la tierra y seguido por la tierra
de los cielos.


Lenos de sensibilidad y armonia.....Un fuerte abrazo de amistad y Luz.

alicia
 

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