Sommbras
Poeta adicto al portal
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Estoy atado a este cielo pero convencido de estar suelto. Ella me soltó hueso a hueso a este charco. Espero la cena pedida en la terraza de este restaurante, el cielo es café y barro con granitos de azúcar, la nube se ha convertido en Buda, sabe cómo me llamo, o tal vez no, pero dice que no fue así. Prometí no preguntar a nadie de ella y lo estoy cumpliendo, pero dime tú Luna, ¿en qué brillo de qué estrella duerme aquella luz que llevaban sus ojos?, pero dónde está su mirada, dónde está, y yo sin tener siquiera a mi madre, que tanto trabajó empañando los espejos. Por este cielo vagaré un día como asteroide que planea el cosmos, que espera besarse con algo, que muere sin saber. Por hambre, el beso se escribe. Porque libre, se busca con sed.
Mis oídos
recogen todo el silencio de este mantel.
Mis manos
como carne de poemas para la ausencia de sus manos.
Mis ojos mirando el plato
pero agitados desesperadamente como molinos.
Mi boca
con una albóndiga de besos masticados.
Y el vino como penicilina
porque cualquier amor que haya sido es una infección.
...
..
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Jesús Soriano
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Estoy atado a este cielo pero convencido de estar suelto. Ella me soltó hueso a hueso a este charco. Espero la cena pedida en la terraza de este restaurante, el cielo es café y barro con granitos de azúcar, la nube se ha convertido en Buda, sabe cómo me llamo, o tal vez no, pero dice que no fue así. Prometí no preguntar a nadie de ella y lo estoy cumpliendo, pero dime tú Luna, ¿en qué brillo de qué estrella duerme aquella luz que llevaban sus ojos?, pero dónde está su mirada, dónde está, y yo sin tener siquiera a mi madre, que tanto trabajó empañando los espejos. Por este cielo vagaré un día como asteroide que planea el cosmos, que espera besarse con algo, que muere sin saber. Por hambre, el beso se escribe. Porque libre, se busca con sed.
Mis oídos
recogen todo el silencio de este mantel.
Mis manos
como carne de poemas para la ausencia de sus manos.
Mis ojos mirando el plato
pero agitados desesperadamente como molinos.
Mi boca
con una albóndiga de besos masticados.
Y el vino como penicilina
porque cualquier amor que haya sido es una infección.
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Jesús Soriano
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