tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Aquella mañana habían salido a comprar un helado, entusiastas, la nieta y su abuelo, atravesaban la plazoleta del barrio, rumbo a la heladería.
El trastorno sesgado de un hombre desquiciado, les cayó como un rayo sorpresivamente, perforando su regodeo.
La niña de tan solo cuatro años, enmudeció, al ver a su nono horripilado.
El alienado cuero embravecido de ira, de pronto fue cortado por un gesto de saña, mezclado con un siniestro regocijo, en el rostro de aquel individuo extraño
Y ya nada pudo hacer la pequeña, solo convulsionar su angustia, en un llanto nebuloso e intermitente, viendo abatido, sangrante y sin respuesta a su divertido abuelito.
El maldito siguió propinando golpes sobre la cara del gordo anciano, a quien ya no le quedaban llantos
Don Italo, en ningún momento, soltó la mano de su nietecita.
El sujeto quería el dinero y se llevó su vida.
El trastorno sesgado de un hombre desquiciado, les cayó como un rayo sorpresivamente, perforando su regodeo.
La niña de tan solo cuatro años, enmudeció, al ver a su nono horripilado.
El alienado cuero embravecido de ira, de pronto fue cortado por un gesto de saña, mezclado con un siniestro regocijo, en el rostro de aquel individuo extraño
Y ya nada pudo hacer la pequeña, solo convulsionar su angustia, en un llanto nebuloso e intermitente, viendo abatido, sangrante y sin respuesta a su divertido abuelito.
El maldito siguió propinando golpes sobre la cara del gordo anciano, a quien ya no le quedaban llantos
Don Italo, en ningún momento, soltó la mano de su nietecita.
El sujeto quería el dinero y se llevó su vida.