Solaribus
Poeta veterano en el portal
De silencio y desierto
peregrinan mis manos
pero estalla tu vid
como un río caudaloso
que transforma la greda
en fértil tierra de remanso.
Deslumbran cerezos
en la primavera del campo
y lo yermo reverdece
en la exactitud de tus labios.
La fatiga ahora es brío
y el lied de mi destierro,
el himno de tu entrega
al que me abrazo.
Una patria es tu cuerpo,
un tendal de palomas,
de gardenias perfumado.
Asombrado de luz,
de jazmines y azucenas
es la hierba de tus pechos.
Y debajo,
perdidas quedan
las montañas más altas
ante el cielo
y es tu azul ese azul claro.
De vida y de deseo
voy enlazado a tus brazos,
soy abeja que, libando,
se hace sol en la mañana.
Soy también juglar que canta
-pétalo disuelto en la tormenta-
y en el batir de tus desmayos
mástil y bandera
ondeando en tus entrañas.
La madera y la savia de los vientos,
los colores que te hacen soberana.
Océano delineando tus costas.
Nativo de tu selva
y de tus playas.
Es el instinto más puro
e indefenso,
el amor más poderoso de las almas,
porque subido al eco más intenso
de tus células
reconozco aquella esencia
que, callada,
eterniza mis verdades más sagradas.
¡Y enriquecida mi vida
en las sales de tus aguas
soy canción que dignifica la palabra!
peregrinan mis manos
pero estalla tu vid
como un río caudaloso
que transforma la greda
en fértil tierra de remanso.
Deslumbran cerezos
en la primavera del campo
y lo yermo reverdece
en la exactitud de tus labios.
La fatiga ahora es brío
y el lied de mi destierro,
el himno de tu entrega
al que me abrazo.
Una patria es tu cuerpo,
un tendal de palomas,
de gardenias perfumado.
Asombrado de luz,
de jazmines y azucenas
es la hierba de tus pechos.
Y debajo,
perdidas quedan
las montañas más altas
ante el cielo
y es tu azul ese azul claro.
De vida y de deseo
voy enlazado a tus brazos,
soy abeja que, libando,
se hace sol en la mañana.
Soy también juglar que canta
-pétalo disuelto en la tormenta-
y en el batir de tus desmayos
mástil y bandera
ondeando en tus entrañas.
La madera y la savia de los vientos,
los colores que te hacen soberana.
Océano delineando tus costas.
Nativo de tu selva
y de tus playas.
Es el instinto más puro
e indefenso,
el amor más poderoso de las almas,
porque subido al eco más intenso
de tus células
reconozco aquella esencia
que, callada,
eterniza mis verdades más sagradas.
¡Y enriquecida mi vida
en las sales de tus aguas
soy canción que dignifica la palabra!
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