Si el hogar del ayer
es la estufa del recuerdo,
el de hoy es un umbral
que se abre mientras lo cruzo.
No tiene paredes fijas,
ni ventanas que se cierren,
solo un techo de instante
y un suelo que es puro pulso.
Se habita con cada gesto,
con la risa que no espera,
con la voz que se pronuncia
antes de buscar su eco.
Y cuando cae la noche
no se guarda en ningún cofre,
pues su tesoro se pierde
si no se vive completo.
es la estufa del recuerdo,
el de hoy es un umbral
que se abre mientras lo cruzo.
No tiene paredes fijas,
ni ventanas que se cierren,
solo un techo de instante
y un suelo que es puro pulso.
Se habita con cada gesto,
con la risa que no espera,
con la voz que se pronuncia
antes de buscar su eco.
Y cuando cae la noche
no se guarda en ningún cofre,
pues su tesoro se pierde
si no se vive completo.