el hombre cauteloso

jose villa

Poeta que considera el portal su segunda casa

cada día que pasa y no me muero

más aumenta el miedo que le tengo a morirme
no morirme de muerte natural -todos tenemos que morir-
sino a causa de un accidente o fortuito evento cualquiera:
un tropezón al andar por la calle
y caer en la calzada y ser arrollado por un carro
o al ir bajando las escaleras en casa, trastabillar
y perder el equilibrio y precipitarme de bruces
dos o tres metros hacia abajo y al caer romperme el cuello;
también imagino que al estar bañándome
resbalo en el piso de la ducha y me voy de espaldas
con tan mala suerte que doy con la nuca contra el azulejo;
vivimos expuestos a las veleidades de un destino precario
y nuestras mismas casas son microcosmos que albergan
un sinfín de potenciales agentes calamitosos:
una abuela que se duerme con el cigarrillo encendido
un gato que suelta pelo mientras nos pasa frente a la cara
el extraterrestre que viene de visita cada que se le pega la gana
disfrazado de progenitora de la mujer que vive contigo:
¿qué contienen realmente las galletitas que suele traer de regalo?
las calles de la ciudad moderna, al mismo tiempo
se han convertido en teatro al aire libre donde se escenifican
tragedias que la sádica pluma de la fatalidad
escribe recurriendo a los ardides más truculentos:
autos con los frenos averiados conducidos por drogadictos
ingresan de manera insólita un sábado a media tarde
en los pasillos atestado de gente de un shopping center y
se llevan entre las ruedas a una madre y sus tres hijos y al perro de pilón;
edificios de 100 pisos construidos con material de segunda
son impactados en sus endebles flancos por aviones tripulados
por terroristas islámicos imbuidos de trasnochados ideales religiosos;
adolescentes frustrados sedientos de sangre y reivindicación emocional
irrumpen de pronto en locales de comida rápida blandiendo un fusil
y matan a sangre fría a una veintena de personas antes de suicidarse;
dar un paso más allá del umbral de la puerta de tu casa
lleva implícito un riesgo de muerte mayor al habitual
¿quién te asegura que la hermosa chica de largos cabellos negros
que te aborda en la esquina y te convence de ir a meterse a un hotel
no te transmitirá en menos de media hora un virus asesino?
¿cómo sabes que el autobús al que subes para ahorrarte una larga caminata
no será arrollado por el tren al cruzar la vía dos calles más adelante?
siniestros fantasmas de maléficas intenciones
se cuelan inadvertidos en medio de nuestros actos más inocuos:
un simple paseo por el parque al atardecer
¿cuántas veces no terminó siendo la ocasión
para que un violador serial acabara con la vida de una joven mujer?
la trivial decisión de eliminar una insignificante muela cariada
¿no podría ser acaso el preludio del encuentro con un desquiciado
que usará su pequeño taladro para abrir un boquete en tu mejilla?
cada vez que cae el sol y al meterme en cama sano y salvo
reflexiono en torno al hecho de haber sobrevivido un día más
intuyo que mis probabilidades de supervivencia van disminuyendo
-tanto va el cántaro al agua... -
el resultado de mi creciente aprensión a la fatalidad
me ha ido llevando a evitar cada día más
movimientos y salidas innecesarias restringiendo
progresivamente el radio de acción en que me desenvuelvo
como si al recluirme pensara que reduzco al máximo
las probabilidades de morirme antes de mi fecha de caducidad
-y cuántos de los que se fueron a destiempo
al estrellarse el avión en que viajaban, al caerles encima
un piano camino del trabajo, al resbalarse de las escaleras
o por ataque de cocodrilo, picadura de alacrán o mosca tse tse
choque de autos, hipotermia la noche del titanic etc
cuántos de esos habrían seguido vivos otros 50 años más
si se hubieran quedado tranquilamente metidos en sus cuartos-
al paso que voy, por supuesto
pronto llegará el día en que ni siquiera saldré de la cama
me bañaré una vez al mes cuando mucho y si mis poemas
me vuelven famoso, recibiré a mis admiradores envuelto
en una burbuja de pvc como la que usan en los hospitales
para aislar a los pacientes de los gérmenes atmosféricos y no podré
meterle mano a las chicas buenotas y menos follarlas así que mejor
se van dando prisa en venir antes de que acabe
de ponerme más neurótico

qué manera tan pendeja de rematar un poema que no marchaba tan mal





 
Última edición:
No recuerdo hace cuánto, pero creo que en la historia de
la humanidad, un tipo dormía, y en una lluvia de meteoritos uno
atravesó su techo y le dio en la cabeza y pum! a otra vida...

También quienes murieron cogiendo o durmiendo...

Si te vas a morir, te morís... Peor es andar deseando que de una vez
por todas la Parca se apiade y te mande un ómnibus, meteorito
o un puto ladrón esquizofrenico que te dé en la sien porque no le gustó tu cara...
y nada... te salvas de todas.
 
Jajajajaja, el temor a la muerte... y las neurosis. Viejo este es un tema pa' largo, hay tanta gente que padece eso. Al menos sirve de catarsis que lo escribas. Contento siempre de leerle. Bendiciones y estrellas.
 

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