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El hombre de la ventana (Fábula)

F. CABALLERO SÁNCHEZ

Poeta recién llegado
El hombre de la ventana

Fábula

Compartir nuestra alegría,
los íntimos sentimientos,
nuestras mil satisfacciones
con los demás, es perfecto
para sentirnos mejor
y si es posible y podemos
procurar que sean felices
aquellos que no pudieron
conseguirlo, ¡qué placer
simplemente por hacerlo!
Es como casi alcanzar
con el corazón el cielo.
Voy a contaros la historia,
que me servirá de ejemplo,
y es la historia que un amigo
me transmitió como un cuento
por Internet, cierto día,
hace ya… bastante tiempo.

Se encontraban encamados
en un sanatorio viejo
dos hombres que mantenían
algo roto el esqueleto
y estaban los dos tendidos
en sendas camas de hierro.
Sólo una cama se hallaba
(de las dos del aposento)
junto a una estrecha ventana.
Se entretenían los enfermos,
sin que pudieran moverse,
hablando de sus recuerdos
y a veces, por las mañanas,
y haciendo un grave esfuerzo
el hombre de la ventana,
mirando por aquel hueco
y haciendo de locutor…
le narraba al compañero
con pulcritud de detalles
cualquier acontecimiento
que pasara por la calle
de aquel sanatorio viejo.
El oyente era feliz
con los relatos certeros
de mujeres, de estudiantes,
de gitanos y extranjeros
con tan precisos detalles…
que creía estarlos viendo.
Cierto día se llevaron
al cronista de este cuento:
seguramente se fue...
al jardín de los recuerdos,
al jardín donde descansan
todos los ángeles buenos.
Al verse solo en la estancia
solicitó al enfermero
que le pusieran su cama
junto al ventanal estrecho:
pretendía entretenerse
viendo a los hombres del pueblo.
A la mañana siguiente
se preparó para verlos
y su sorpresa fue grande
al ver tapiado aquel hueco.
Protestó por la ignominia
de semejante atropello
ya que la ventana era
por donde acercarse al cielo,
por donde ver, de la vida,
algo de su movimiento,
por donde miraba siempre
su compañero ya muerto.
Y aún mayor fue su asombro
cuando dijo el enfermero
que siempre estuvo cerrado
y que aquel hombre era… ¡ciego!

Moraleja

Aunque parezca un desliz
porque el mundo está viviendo
un egoísmo tremendo…
¡hay quien se siente feliz
dando más que recibiendo!
 
Última edición:
F. CABALLERO SÁNCHEZ;5142782 dijo:
El hombre de la ventana

Fábula

Compartir nuestra alegría,
los íntimos sentimientos,
nuestras mil satisfacciones
con los demás, es perfecto
para sentirnos mejor
y si es posible y podemos
procurar que sean felices
aquellos que no pudieron
conseguirlo, ¡qué placer
simplemente por hacerlo!
Es como casi alcanzar
con el corazón el cielo.
Voy a contaros la historia,
que me servirá de ejemplo,
y es la historia que un amigo
me transmitió como un cuento
por Internet, cierto día,
hace ya… bastante tiempo.

Se encontraban encamados
en un sanatorio viejo
dos hombres que mantenían
algo roto el esqueleto
y estaban los dos tendidos
en sendas camas de hierro.
Sólo una cama se hallaba
(de las dos del aposento)
junto a una estrecha ventana.
Se entretenían los enfermos,
sin que pudieran moverse,
hablando de sus recuerdos
y a veces, por las mañanas,
y haciendo un grave esfuerzo
el hombre de la ventana,
mirando por aquel hueco
y haciendo de locutor…
le narraba al compañero
con pulcritud de detalles
cualquier acontecimiento
que pasara por la calle
de aquel sanatorio viejo.
El oyente era feliz
con los relatos certeros
de mujeres, de estudiantes,
de gitanos y extranjeros
con tan precisos detalles…
que creía estarlos viendo.
Cierto día se llevaron
al cronista de este cuento:
seguramente se fue...
al jardín de los recuerdos,
al jardín donde descansan
todos los ángeles buenos.
Al verse solo en la estancia
solicitó al enfermero
que le pusieran su cama
junto al ventanal estrecho:
pretendía entretenerse
viendo a los hombres del pueblo.
A la mañana siguiente
se preparó para verlos
y su sorpresa fue grande
al ver tapiado aquel hueco.
Protestó por la ignominia
de semejante atropello
ya que la ventana era
por donde acercarse al cielo,
por donde ver, de la vida,
algo de su movimiento,
por donde miraba siempre
su compañero ya muerto.
Y aún mayor fue su asombro
cuando dijo el enfermero
que siempre estuvo cerrado
y que aquel hombre era… ¡ciego!

Moraleja

Aunque parezca un desliz
porque el mundo está viviendo
un egoísmo tremendo…
¡hay quien se siente feliz
dando más que recibiendo!

Excelente anécdota, estimado F. Caballero,
y el final muy bien resuelto,
un saludo cordial,
Eduardo
 
Estimado Eduardo: Gratamente honrado con su comentario aunque no de su pasar, porque sé bien que quien ama la poesía no dejaría definitivamente de leer, y en usted se aprecia esa enorme pasión por esta forma de escribir. Mi escaso tiempo no me permite dedicarle demasiado a este espacio pero... hago lo que puedo. Me congratulo con saludarlo nuevamente.
Mi sincero afecto. F. CABALLERO
 

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