Quizá mantenga los ojos
abiertos y cabalgue en
los hipocampos amarillos
del insomnio, y halle los
colores que faltan para
dar vida a nuestros besos.
Ahora pienso en eso
y el valor es innegable,
de lo puro trascendente.
Ni yo lo creo. Quiero decir
que los martes serán
el cepillo de dientes
y la soledad el dentífrico.
Otra vez preso del calendario,
hasta el tope de batir postigos;
doce de marzo de dos mil doce.
Regando la savia de tu
rostro, que acaso me
recuerda la huida, ese
momento de despedirse
sin aviso, el grotesco
caldo de la amnesia.
Soleado por tu ausencia
y esta vida tan triste que
sirgaba mis sueños,
por las mareas del olvido.
Pero cómo amaba verte
sonreír, lavar tus cabellos
y enjuagar mi alma.
abiertos y cabalgue en
los hipocampos amarillos
del insomnio, y halle los
colores que faltan para
dar vida a nuestros besos.
Ahora pienso en eso
y el valor es innegable,
de lo puro trascendente.
Ni yo lo creo. Quiero decir
que los martes serán
el cepillo de dientes
y la soledad el dentífrico.
Otra vez preso del calendario,
hasta el tope de batir postigos;
doce de marzo de dos mil doce.
Regando la savia de tu
rostro, que acaso me
recuerda la huida, ese
momento de despedirse
sin aviso, el grotesco
caldo de la amnesia.
Soleado por tu ausencia
y esta vida tan triste que
sirgaba mis sueños,
por las mareas del olvido.
Pero cómo amaba verte
sonreír, lavar tus cabellos
y enjuagar mi alma.