Hellen Cristy
Poeta adicto al portal
Suelo encontrar de vez en cuando
a aquella niña que fui en la pubertad,
me sorprendo siempre soñando
lo que se fue formando en mi soledad.
Me acostaba a dormir como cualquier otro
dormía profunda y placidamente,
repitiéndose siempre el mismo sueño
en el que veía a un hombre sin rostro.
Entre mis sueños dormida y hasta despierta
divisaba de cerca un cuerpo hermoso,
de estos hombres que se te acercan
y el cuerpo se te pone tembloroso.
Con brazos fuertes pero suaves
de esos que te protegen y te abrazan,
que te hacen sentir como un ave
cuando se cansa de volar y vuelve a casa.
Un hombre sin rostro, muy alto
su altura imponentemente derrochaba
su viril presencia de lo exacto
me hacía desear ser amada.
Me intrigaba enormemente el sueño continuo,
despierta trataba de darle forma a su cara
¿Será un hombre o se parece a un niño?
pero su rostro apetecido jamás encontraba.
Fui haciéndome mujer muy aprisa
no podía darle forma a su boca,
solo recordaba su cálida sonrisa,
cuando me besaba hasta volverme loca.
Ni un rasgo de sus ojos obtenía
pero su mirada podía sentir fuertemente,
¿Quién era este hombre que ni conocía?
para que se apoderara tanto de mi mente.
En mis sueños de tanta hermosura
podía percibir la paz que transmitía
cuando abrazándome a la cintura
¡Siempre serás mía! repetía
con calidez e inmensa ternura.
Después de tantos años y no en sueños
en mi vida normal de realidad
encontré inesperadamente al dueño,
que me regalaba tanta felicidad.
A pesar que nunca le había visto
advertí enseguida que era él,
tan diferente a otros era distinto
que me acordé enseguida del sueño aquel.
¡Mucho gusto señora!... dijo cuando me conoció
yo temblando, disminuida, desvalida
dije... ¡Gusto en conocerle señor!
reconociendo aquella voz cálida.
Por primera vez vi su rostro
exactamente como lo imaginaba
tan increíble, muy hermoso
que hasta el alma me robaba.
Acto seguido, amigos y amantes fuimos
tuvimos los dos la misma impresión
de que ya nos conocíamos
desde antes, en el fondo del corazón.
¡Que feliz fui a su lado!
jamás se borrará de mí su silueta
la del hombre sin rostro imaginado, revelado
y la del rostro con dulzura y belleza.
Pasó por mi vida, no se quedó,
cosas del destino, nos separa un abismo
no obstante su rostro, se me grabó
Para que toda la vida, ¡Sueñe lo mismo!.
a aquella niña que fui en la pubertad,
me sorprendo siempre soñando
lo que se fue formando en mi soledad.
Me acostaba a dormir como cualquier otro
dormía profunda y placidamente,
repitiéndose siempre el mismo sueño
en el que veía a un hombre sin rostro.
Entre mis sueños dormida y hasta despierta
divisaba de cerca un cuerpo hermoso,
de estos hombres que se te acercan
y el cuerpo se te pone tembloroso.
Con brazos fuertes pero suaves
de esos que te protegen y te abrazan,
que te hacen sentir como un ave
cuando se cansa de volar y vuelve a casa.
Un hombre sin rostro, muy alto
su altura imponentemente derrochaba
su viril presencia de lo exacto
me hacía desear ser amada.
Me intrigaba enormemente el sueño continuo,
despierta trataba de darle forma a su cara
¿Será un hombre o se parece a un niño?
pero su rostro apetecido jamás encontraba.
Fui haciéndome mujer muy aprisa
no podía darle forma a su boca,
solo recordaba su cálida sonrisa,
cuando me besaba hasta volverme loca.
Ni un rasgo de sus ojos obtenía
pero su mirada podía sentir fuertemente,
¿Quién era este hombre que ni conocía?
para que se apoderara tanto de mi mente.
En mis sueños de tanta hermosura
podía percibir la paz que transmitía
cuando abrazándome a la cintura
¡Siempre serás mía! repetía
con calidez e inmensa ternura.
Después de tantos años y no en sueños
en mi vida normal de realidad
encontré inesperadamente al dueño,
que me regalaba tanta felicidad.
A pesar que nunca le había visto
advertí enseguida que era él,
tan diferente a otros era distinto
que me acordé enseguida del sueño aquel.
¡Mucho gusto señora!... dijo cuando me conoció
yo temblando, disminuida, desvalida
dije... ¡Gusto en conocerle señor!
reconociendo aquella voz cálida.
Por primera vez vi su rostro
exactamente como lo imaginaba
tan increíble, muy hermoso
que hasta el alma me robaba.
Acto seguido, amigos y amantes fuimos
tuvimos los dos la misma impresión
de que ya nos conocíamos
desde antes, en el fondo del corazón.
¡Que feliz fui a su lado!
jamás se borrará de mí su silueta
la del hombre sin rostro imaginado, revelado
y la del rostro con dulzura y belleza.
Pasó por mi vida, no se quedó,
cosas del destino, nos separa un abismo
no obstante su rostro, se me grabó
Para que toda la vida, ¡Sueñe lo mismo!.