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El huesudo

Antonio Cuello

Poeta que considera el portal su segunda casa
Llegó con sus alas rotas a la orilla del silencio,
crepitando con su alma llena de frío y pavores
estertóreos... la flama de su verbo herido.
ululaba con zigzagueantes y marchitas silabas
que empedernidas, rozaban el insulto vetusto
de una incongruente verborrea sin sentido
Nada perturbaba el estilo petulante y ordinario
de aquella macilenta estructura de huesuda estirpe,
que amenazaba con estúpida creencia errónea,
la huestes de las cavilosas y precarias localidades
que embebidas en sus siniestras elucubraciones,
maquinaban con sevicia la forma de callar aquel canalla

Llegó la hora de la cena... el anguila guisada y jugosa
colmó los peltres de aquella vetusta pensión de mala muerte,
el huesudo personaje seguía con su perorata fastidiosa,
ahora aupado por el hambre soez que le embargaba,
babeaba aquella cosa cuando apenas los manteles plisaban
bajo el ímpetu de los rechinantes cubiertos y cucharillas
que se disponían para devorar el aderezado cucurucho aquel,
que en figura de serpiente y con ordinario color parduzco,
era el centro de las más aberrantes atenciones y detalles
que en conclusión, abría un álgido debate sobre el deber
de las buenas costumbres, ausentes en aquella mesa,
rodeadas por malandrines de la mas baja laya y ralea

Todo parecía que se iba a consumar, cuando de pronto,
una baba cayó en todo el centro del puré de papas,
revuelta con una goma de mascar maloliente y amarillenta,
y allí fue Troya... los taburetes de los comensales aquellos
chirriaron al unísono y todos a una se levantaron energúmenos
como impulsados por un resorte ante el escupitajo cruel:
causante de todo aquel embrollo, que puso en entredicho
los pocos buenos modales que acaso quedaba en aquellos tipejos,
que renunciando a la susodicha vianda, ahora se trenzaban
en un relajo insospechado de no muy buenos augurios,
sopesando cada uno con la mirada desafiante al de el frente,
sin tener mas objetivos que el de vengar el insulto precedente

Se hizo un silencio sepulcral y todo presagiaba un mal final,
cuando de pronto el personaje huesudo volvió a intervenir
y esta vez para tratar de caldear un poco el animo exaltado,
riendo de manera demencial, tanto que al carcajearse así,
se le aflojaron dos dientes amarillentos como de mandril
con tan mala suerte que fueron a parar en la tártara de manzana,
dispuesta para el postre, manjar para después de la vianda
y ahí si ya no hubo marcha atrás, todos le cayeron en gavilla
al pobre huesudo de la historia y le partieron tres costillas,
dejándole roto el maxilar... casi le desprendieron una oreja,
amén del tabique desviado y una herida abierta en el rectal,
sin olvidar que el huesudo ya había perdido todo el colmillar.
 
Última edición:
Llegó con sus alas rotas a la orilla del silencio,
crepitando con su alma llena de frío y pavores
estertóreos... la flama de su verbo herido.
ululaba con zigzagueantes y marchitas silabas
que empedernidas, rozaban el insulto vetusto
de una incongruencia verborrea sin sentido
Nada perturbaba el estilo petulante y ordinario
de aquella macilenta estructura de huesuda estirpe,
que amenazaba con estúpida creencia errónea,
la huestes de las cavilosas y precarias localidades
que embebidas en sus siniestras elucubraciones,
maquinaban con sevicia la forma de callar aquel canalla

Llegó la hora de la cena... el anguila guisada y jugosa
colmó los peltres de aquella vetusta pensión de mala muerte,
el huesudo personaje seguía con su perorara fastidiosa,
ahora aupado por el hambre soez que le embargaba,
babeaba aquella cosa cuando apenas los manteles plisaban
bajo el ímpetu de los rechinantes cubiertos y cucharillas
que se disponían para devorar el aderezado cucurucho aquel,
que en figura de serpiente y con ordinario color parduzco,
era el centro de las más aberrantes atenciones y detalles
que en conclusión, abría un álgido debate sobre el deber
de las buenas costumbres, ausentes en aquella mesa,
rodeadas por malandrines de la mas baja laya y ralea

Todo parecía que se iba a consumar, cuando de pronto,
una baba cayó en todo el centro del puré de papas,
revuelta con una goma de mascar maloliente y amarillenta,
y allí fue Troya... los taburetes de los comensales aquellos
chirriaron al unísono y todos a una se levantaron energúmenos
como impulsados por un resorte ante el escupitajo cruel:
causante de todo aquel embrollo, que puso en entredicho
los pocos buenos modales que acaso quedaba en aquellos tipejos,
que renunciando a la susodicha vianda, ahora se trenzaban
en un relajo insospechado de no muy buenos augurios,
sopesando cada uno con la mirada desafiante al de el frente,
sin tener mas objetivos que el de vengar el insulto precedente

Se hizo un silencio sepulcral y todo presagiaba un mal final,
cuando de pronto el personaje huesudo volvió a intervenir
y esta vez para tratar de caldear un poco el animo exaltado,
riendo de manera demencial, tanto que al carcajearse así,
se le aflojaron dos dientes amarillentos como de mandril
con tan mala suerte que fueron a parar en la tártara de manzana,
dispuesta para el postre, manjar para después de la vianda
y ahí si ya no hubo marcha atrás, todos le cayeron en gavilla
al pobre huesudo de la historia y le partieron tres costillas,
dejándole roto el maxilar... casi le desprendieron una oreja,
amén del tabique desviado y una herida abierta en el rectal,
sin olvidar que el huesudo ya había perdido todo el colmillar.
Fuerte historia, me encantó, rica en palabras y me atrapó hasta el final, feliz día Antonio, un saludo
 
Fuerte historia, me encantó, rica en palabras y me atrapó hasta el final, feliz día Antonio, un saludo
Parece fuerte y un poco fuera de lo común porque siempre me he caracterizado por otra clase de escritura... hoy quise cambiar un poco y me inventé una historia jocosa y un poco divertida, que a pesar de algunas incidencias desagradables, hacen parte de la esencia de la historia.
Lo verdaderamente importante, mi querida Mayca, es que te haya atrapado la trama de la obra que es a la postre, lo determinante del caso.
Saludos y rosas
 
Llegó con sus alas rotas a la orilla del silencio,
crepitando con su alma llena de frío y pavores
estertóreos... la flama de su verbo herido.
ululaba con zigzagueantes y marchitas silabas
que empedernidas, rozaban el insulto vetusto
de una incongruencia verborrea sin sentido
Nada perturbaba el estilo petulante y ordinario
de aquella macilenta estructura de huesuda estirpe,
que amenazaba con estúpida creencia errónea,
la huestes de las cavilosas y precarias localidades
que embebidas en sus siniestras elucubraciones,
maquinaban con sevicia la forma de callar aquel canalla

Llegó la hora de la cena... el anguila guisada y jugosa
colmó los peltres de aquella vetusta pensión de mala muerte,
el huesudo personaje seguía con su perorara fastidiosa,
ahora aupado por el hambre soez que le embargaba,
babeaba aquella cosa cuando apenas los manteles plisaban
bajo el ímpetu de los rechinantes cubiertos y cucharillas
que se disponían para devorar el aderezado cucurucho aquel,
que en figura de serpiente y con ordinario color parduzco,
era el centro de las más aberrantes atenciones y detalles
que en conclusión, abría un álgido debate sobre el deber
de las buenas costumbres, ausentes en aquella mesa,
rodeadas por malandrines de la mas baja laya y ralea

Todo parecía que se iba a consumar, cuando de pronto,
una baba cayó en todo el centro del puré de papas,
revuelta con una goma de mascar maloliente y amarillenta,
y allí fue Troya... los taburetes de los comensales aquellos
chirriaron al unísono y todos a una se levantaron energúmenos
como impulsados por un resorte ante el escupitajo cruel:
causante de todo aquel embrollo, que puso en entredicho
los pocos buenos modales que acaso quedaba en aquellos tipejos,
que renunciando a la susodicha vianda, ahora se trenzaban
en un relajo insospechado de no muy buenos augurios,
sopesando cada uno con la mirada desafiante al de el frente,
sin tener mas objetivos que el de vengar el insulto precedente

Se hizo un silencio sepulcral y todo presagiaba un mal final,
cuando de pronto el personaje huesudo volvió a intervenir
y esta vez para tratar de caldear un poco el animo exaltado,
riendo de manera demencial, tanto que al carcajearse así,
se le aflojaron dos dientes amarillentos como de mandril
con tan mala suerte que fueron a parar en la tártara de manzana,
dispuesta para el postre, manjar para después de la vianda
y ahí si ya no hubo marcha atrás, todos le cayeron en gavilla
al pobre huesudo de la historia y le partieron tres costillas,
dejándole roto el maxilar... casi le desprendieron una oreja,
amén del tabique desviado y una herida abierta en el rectal,
sin olvidar que el huesudo ya había perdido todo el colmillar.
Ese personaje recreado dejo y abandono todos su reflejos enun ambito donde se
sucedian los acontecimientos. estos extriaaios instantes visionados
y quemados fuerohn ese agasajo del no final cuando las sensaciones
blnandenlevedades. bellissimo. saludos maximos. luzyabsenta
 
Recreación realista de esos sucesos inusuales, aunque no extraños, que se dan en esos ámbitos donde la educación es la gran ausente de primera mano y en donde los personajes carecen de todo tipo de consideraciones. De todo nos encontramos en la viña del Señor y esta divertida historia con situaciones ambivalentes, se dan en este tipo de antros donde la sociedad no se digna mirar por temor a contaminar su mirada inquisidora.
Gracias, mi estimado Luzyabsenta, por venir a dejar tu huella en este sitio de letras y por tu visita continua.
Saludos y un abrazo grande
 

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