Histrión
Poeta recién llegado
El humo y el bufón
Caramelos, dulces, palomitas y bombones
-¡el circo estaba lleno de tanto manjar!-;
Niñas con sus vestiditos
-de esos que llevan un moñito atrás-
y niños sonrientes no dejaban de llegar...
Los infantes jubilosos devoraban el banquete suculento,
-¿cómo iban ellos a saber cómo en realidad,
el hijo del bufón iba en su tercer día sin siquiera pan!-
Y ahí estaba el juglar con su postiza sonrisa,
-y una herida mortal en su alma marchita,
Que nunca cicatriza, y tal vez nunca lo hará-
La niebla es profunda tan densa que se tatúa en la piel,
-cual estocada, cual arpón inclemente-,
Y así como a miseria y drama los aglutina el llanto,
La mirada trágica del bufón construye las historias
Que su corazón serrucha cuando quiere zarpar.
Caramelos, dulces, palomitas y bombones
-¡el circo estaba lleno de tanto manjar!-;
Niñas con sus vestiditos
-de esos que llevan un moñito atrás-
y niños sonrientes no dejaban de llegar...
Los infantes jubilosos devoraban el banquete suculento,
-¿cómo iban ellos a saber cómo en realidad,
el hijo del bufón iba en su tercer día sin siquiera pan!-
Y ahí estaba el juglar con su postiza sonrisa,
-y una herida mortal en su alma marchita,
Que nunca cicatriza, y tal vez nunca lo hará-
La niebla es profunda tan densa que se tatúa en la piel,
-cual estocada, cual arpón inclemente-,
Y así como a miseria y drama los aglutina el llanto,
La mirada trágica del bufón construye las historias
Que su corazón serrucha cuando quiere zarpar.