Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
No soportaré el peso de
humedecidas pupilas
ni el deseo de perder o ganar.
La marea barre hojas censuradas
del largo silabario,
pernocté en Catacumbas de antorchas
sin verte,
arañando piedras con mis uñas
esfumando oraciones ya revueltas
quise revivir tus formas en toda
especie, como alguna vez lo hiciste
en abluciones de luces peregrinas.
Lo invisible habita en la casa al lado
del latido. No es una cárcel del amor.
Tityos, carcomió la adversidad mustia,
atropelladas estrellas desearon verte.
Tántalo consiguió sumergir su cabeza
una sola vez.
Una cuerda sensible alteró tu sentimiento
y entraste al amor
Pero ocultas sigilosa los colmillos debajo de
la roca donde la piel devora el propio rabo.
Perpleja, en el ocaso, sembró su propia simiente
su piel se secó y renovó su resbalosa virginidad.
En la taberna trinaron los cantores al influjo
del vino y en el cobertor abandonaste
para siempre mi deseo...
humedecidas pupilas
ni el deseo de perder o ganar.
La marea barre hojas censuradas
del largo silabario,
pernocté en Catacumbas de antorchas
sin verte,
arañando piedras con mis uñas
esfumando oraciones ya revueltas
quise revivir tus formas en toda
especie, como alguna vez lo hiciste
en abluciones de luces peregrinas.
Lo invisible habita en la casa al lado
del latido. No es una cárcel del amor.
Tityos, carcomió la adversidad mustia,
atropelladas estrellas desearon verte.
Tántalo consiguió sumergir su cabeza
una sola vez.
Una cuerda sensible alteró tu sentimiento
y entraste al amor
Pero ocultas sigilosa los colmillos debajo de
la roca donde la piel devora el propio rabo.
Perpleja, en el ocaso, sembró su propia simiente
su piel se secó y renovó su resbalosa virginidad.
En la taberna trinaron los cantores al influjo
del vino y en el cobertor abandonaste
para siempre mi deseo...
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