***QueeN Ginevra***
Poeta adicto al portal
El inmortal.
De su sangre mis sueños y mis palabras,
cada latido de su corazón es una llama;
danza, sube y luego baja con sus alas,
tatuando parte de sí en el espacio de mi alma.
De sus cabellos mi ondulante recreación,
me habla, me cuenta y no pido más calor;
un instante invierno y luego otra es la estación
siendo siempre un armónico otoño de valor.
De sus brazos mi fuerza y mi serenidad,
entre sus ojos puedo ver la inmensidad;
tal placer de la tristeza y tal de la felicidad,
tal palabra de su voz, carente de vanidad.
De su vida pueden ser un millón de la mía,
en mis sueños sólo el podría ser quién
se lance en picada sobre la nocturna bahía,
me rescate de la vida y de la muerte también.
De su carne, de su frio; de sus ojos negros zafiros.
De mi condena, de mi pasión, de mi purpura ilusión.
Ni es uno, no es ninguno, ni siquiera cómo otros;
es un sueño, mi realidad a media resurrección.
De mí, él tiene un motivo y una sangre para sí,
de mis manos paz y de mis labios amistad;
de mis ojos un amor oculto gritando así,
de mi ser la vida, la muerte, mi verdad.
Tiempos duros se avecinan pero no van a truncar,
esta línea ni esta luz oscura tan sublime y real.
Al tiempo sólo tiempo y al amor sólo amar,
puesto que él es en mi delirio, mi pecado inmortal.
De su sangre mis sueños y mis palabras,
cada latido de su corazón es una llama;
danza, sube y luego baja con sus alas,
tatuando parte de sí en el espacio de mi alma.
De sus cabellos mi ondulante recreación,
me habla, me cuenta y no pido más calor;
un instante invierno y luego otra es la estación
siendo siempre un armónico otoño de valor.
De sus brazos mi fuerza y mi serenidad,
entre sus ojos puedo ver la inmensidad;
tal placer de la tristeza y tal de la felicidad,
tal palabra de su voz, carente de vanidad.
De su vida pueden ser un millón de la mía,
en mis sueños sólo el podría ser quién
se lance en picada sobre la nocturna bahía,
me rescate de la vida y de la muerte también.
De su carne, de su frio; de sus ojos negros zafiros.
De mi condena, de mi pasión, de mi purpura ilusión.
Ni es uno, no es ninguno, ni siquiera cómo otros;
es un sueño, mi realidad a media resurrección.
De mí, él tiene un motivo y una sangre para sí,
de mis manos paz y de mis labios amistad;
de mis ojos un amor oculto gritando así,
de mi ser la vida, la muerte, mi verdad.
Tiempos duros se avecinan pero no van a truncar,
esta línea ni esta luz oscura tan sublime y real.
Al tiempo sólo tiempo y al amor sólo amar,
puesto que él es en mi delirio, mi pecado inmortal.
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