Las palabras obsoletas caen mansas al suelo de pavimento,donde un hombre de capa raída las pisotea con sus grandes pies para hacer música fúnebre en una calurosa noche estival.Las flores podridas que cantan a las afueras también quieren recibir el mismo sino;mas el asesino de significados lúgubres no se atreve.No vaya a ser que el rayo malévolo del cielo atormentado lo fulmine de un solo golpe en su copa golosa de niño consentido y,así,siegue toda una trayectoria viviente dedicada a la violación inmanente de significados perdidos.Mas hay una fuerza centrífuga en su interior que hace que miles de risas estridentes desvaríen en el ocaso de su vida de parásito,paralizándolo de santo terror por las blasfemias que ahora salen a flote en el ambiente enrarecido de un nuevo alba.Es entonces,cuando,enmudecido,se tapa los ojos y los oídos con sus cuatro manos de monstruo informe para no quedar petrificado por las negras aberraciones que él,el Innominado,guardaba en su podrido interior de ya obscuridad en declive.