Marina Bosco
Poeta recién llegado
Aprendimos a ser mayores
jugábamos a ser madres en aquella casa donde
nuestro padre llegaba ebrio
a veces con sangre en la cara y la ceja partida
tambaleante como esos muñecos que tienen imán en su base
aprendimos a ser madres y esposas
a guardar a nuestros hijos de la violencia
jugábamos a ser niñitas de viaje por la estepa rusa
a esquivar las flechas de los indios
a frotar las manitas de las muñecas
o a ponerles en sus boquitas un biberón que nunca terminaba
hicimos un pacto de silencio hermana
nunca hablamos de la mujer como una herida sangrante
del animal salvaje que habitaba en nuestro padre
de la diva inconsolable que creía ser nuestra madre
no hablamos de la huída a casa de los vecinos
de la violencia al otro lado de la pared
de lo inconmesurable de los silencios
nos limitamos a escuchar el paso de los mayores
al otro lado de la pared
siempre al otro lado
la dos
tú y yo
sintiéndonos hermanas en la carne
en el alma
en el consuelo de dos niñas temerosas del mundo adulto
que ante nuestros ojos se desarrollaba así
tan misterioso, tan incomprensible, tan violento
tan real como los recuerdos
hicimos una pacto de silencio
hermana
jugábamos a ser madres en aquella casa donde
nuestro padre llegaba ebrio
a veces con sangre en la cara y la ceja partida
tambaleante como esos muñecos que tienen imán en su base
aprendimos a ser madres y esposas
a guardar a nuestros hijos de la violencia
jugábamos a ser niñitas de viaje por la estepa rusa
a esquivar las flechas de los indios
a frotar las manitas de las muñecas
o a ponerles en sus boquitas un biberón que nunca terminaba
hicimos un pacto de silencio hermana
nunca hablamos de la mujer como una herida sangrante
del animal salvaje que habitaba en nuestro padre
de la diva inconsolable que creía ser nuestra madre
no hablamos de la huída a casa de los vecinos
de la violencia al otro lado de la pared
de lo inconmesurable de los silencios
nos limitamos a escuchar el paso de los mayores
al otro lado de la pared
siempre al otro lado
la dos
tú y yo
sintiéndonos hermanas en la carne
en el alma
en el consuelo de dos niñas temerosas del mundo adulto
que ante nuestros ojos se desarrollaba así
tan misterioso, tan incomprensible, tan violento
tan real como los recuerdos
hicimos una pacto de silencio
hermana