Noirxem
Poeta recién llegado
"El Laberinto de los Relojes Que Cantan"
En la mansión del tiempo, donde el alba se confiesa,
un pájaro de mercurio rasga el velo del olvido;
las sombras bailan valses con la muerte que embellece
y el mar, de espuma negra, lame estrellas en su nido.
Los árboles caminan descalzos por el techo del cielo,
sus raíces son relámpagos que enredan las constelaciones;
yo soy la silla rota que se sienta en su propio duelo,
el pan que muerde al hambre y escupe constelaciones.
Un elefante de humo besa a una cuchara de plata,
bajo la lluvia de relojes que se derriten en llanto;
los ángeles, desnudos, tejen nubes con su bata
y el viento, con dientes de niña, mastica el firmamento.
La noche se derrama como tinta sobre venas de oro,
ciudades de sal lloran pianos en mis pulmones rotos;
tranvías arrastran risas dentro de ataúdes de coro
y el silencio galopa, caballo blanco, en mis devotos.
Yo soy el ojo que se cierra para ver el universo entero,
la lengua que lame el vacío hasta que sangra versos puros;
el corazón que late al ritmo de un tambor de cuero
hecho con la piel del sueño que se atrevió a ser oscuro.
Cuando el alba, traidora de uñas rotas, intente coser
el cielo que se desgarra en mil pedazos de cristal,
yo abriré la boca y dejaré escapar un gemir
que será semilla, río y el primer verso inmortal.
Así el universo, en su bostezo eterno, se atreve
a escribir el poema que aún no osa pronunciar:
un susurro de espejos rotos que nunca se atreve
a callar, porque en rimas vive y en ritmo ha de reinar.
-Noirxem
En la mansión del tiempo, donde el alba se confiesa,
un pájaro de mercurio rasga el velo del olvido;
las sombras bailan valses con la muerte que embellece
y el mar, de espuma negra, lame estrellas en su nido.
Los árboles caminan descalzos por el techo del cielo,
sus raíces son relámpagos que enredan las constelaciones;
yo soy la silla rota que se sienta en su propio duelo,
el pan que muerde al hambre y escupe constelaciones.
Un elefante de humo besa a una cuchara de plata,
bajo la lluvia de relojes que se derriten en llanto;
los ángeles, desnudos, tejen nubes con su bata
y el viento, con dientes de niña, mastica el firmamento.
La noche se derrama como tinta sobre venas de oro,
ciudades de sal lloran pianos en mis pulmones rotos;
tranvías arrastran risas dentro de ataúdes de coro
y el silencio galopa, caballo blanco, en mis devotos.
Yo soy el ojo que se cierra para ver el universo entero,
la lengua que lame el vacío hasta que sangra versos puros;
el corazón que late al ritmo de un tambor de cuero
hecho con la piel del sueño que se atrevió a ser oscuro.
Cuando el alba, traidora de uñas rotas, intente coser
el cielo que se desgarra en mil pedazos de cristal,
yo abriré la boca y dejaré escapar un gemir
que será semilla, río y el primer verso inmortal.
Así el universo, en su bostezo eterno, se atreve
a escribir el poema que aún no osa pronunciar:
un susurro de espejos rotos que nunca se atreve
a callar, porque en rimas vive y en ritmo ha de reinar.
-Noirxem