Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
He visitado la tumba de mi amor sin rostro.
He removido su tierra limpiado el borde y plantado
un racimo de luz que se caía del instante previo.
Luego me sobrevino la mano del tiempo
empuñando un aura de bocas hambrientas
que mordieron los ojos que no necesitaba.
Sobresaltado el símbolo.
Viciado de sombras, tomé su centro
y me fui por el laberinto de su imagen
tan esquiva como la tarde de antes,
seduciendo el sol en su panal ardiente,
mientras que en su frente
corrían las mareas de mis soledades.
No la alcanzo. Su mirada es un planeta inhóspito.
Una conjugación exacta de tiempo
circundando el polen de mi existencia.
Pero algo nos pertenece
nos acerca y nos proclama dentro.
¿Que será?
He removido su tierra limpiado el borde y plantado
un racimo de luz que se caía del instante previo.
Luego me sobrevino la mano del tiempo
empuñando un aura de bocas hambrientas
que mordieron los ojos que no necesitaba.
Sobresaltado el símbolo.
Viciado de sombras, tomé su centro
y me fui por el laberinto de su imagen
tan esquiva como la tarde de antes,
seduciendo el sol en su panal ardiente,
mientras que en su frente
corrían las mareas de mis soledades.
No la alcanzo. Su mirada es un planeta inhóspito.
Una conjugación exacta de tiempo
circundando el polen de mi existencia.
Pero algo nos pertenece
nos acerca y nos proclama dentro.
¿Que será?