MONA lISA
Poeta adicto al portal
Nadie, en varios kilómetros a la redonda sabría decir su nombre.
Por lo que mis padres contaban, era un hombre sumamente extraño y poco de fiar coincidiendo con la opinión de los lugareños.
Desde que tengo uso de razón mi curiosidad acerca de el crecía, como lo hacían mis años. Su apariencia escuálida y su tez descolorida, añadían un áurea de inquietud a su persona y por su gran altura se le conocía en el pueblo por el largo.
Vivía en una desconchada y siniestra casona a las afueras del pueblo y casi en su misma puerta crecía un único y hermoso árbol que coronaba una frondosa copa que era motivo de numerosos y horribles comentarios.
Aquel día, cumplía 14 años, salí de mi casa y caminé despacio hacia la casona...
quería saber...
Por lo que mis padres contaban, era un hombre sumamente extraño y poco de fiar coincidiendo con la opinión de los lugareños.
Desde que tengo uso de razón mi curiosidad acerca de el crecía, como lo hacían mis años. Su apariencia escuálida y su tez descolorida, añadían un áurea de inquietud a su persona y por su gran altura se le conocía en el pueblo por el largo.
Vivía en una desconchada y siniestra casona a las afueras del pueblo y casi en su misma puerta crecía un único y hermoso árbol que coronaba una frondosa copa que era motivo de numerosos y horribles comentarios.
Aquel día, cumplía 14 años, salí de mi casa y caminé despacio hacia la casona...
quería saber...
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