El león que quiso ser

Xalacio Hdz

Poeta recién llegado
Diana, tú atraes a la flecha hasta tu centro;
el arquero la lanza buscando dar justo ahí.
¡Qué belleza para el león observar desde el cerco!
Pero le queman las manos por tener él las flechas,
más en sus manos la oportunidad no está.

Es tan descorazonador para él aceptarlo:
él quiere también tener el derecho.
No hay camino, no existe alguno;
solo la distancia y el silencio entre tu belleza
y su rugido silenciado.
Quiere rugir y mostrarse ante ti,
pero no puede, está claramente apagado.

¡Qué desdicha siente el león de solo mirar a lo lejos!
Se le rompe el corazón al saber que no es él,
que no es el arquero que pueda apuntar hacia ti
y sentirse dichoso.

Quiere ser quien gane la contienda, pero no tiene
cómo; sus garras romperían el arco y su fuerza
destrozaría la flecha.
Aun así, Diana, el león quiere competir
para atinar a tu centro.
 
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Xalacio, este poema despliega una alegoría del deseo imposible donde la tensión entre querer y no poder ser articula toda la experiencia emocional del hablante lírico.

La metáfora sostenida del león que observa al arquero dirigirse hacia Diana funciona porque captura esa paradoja dolorosa: el león posee fuerza, pero precisamente esa fuerza lo incapacita para la delicadeza que requiere el amor. La imagen de
sus garras romperían el arco y su fuerza destrozaría la flecha
condensa magistralmente esta imposibilidad —no es falta de deseo ni de intensidad, sino exceso de una cualidad que se vuelve obstáculo.

La repetición de "quiere" a lo largo del poema construye una anáfora del anhelo que intensifica la frustración del personaje. Cada "quiere" es un martillazo más sobre la misma herida: querer el derecho, querer rugir, querer competir, querer atinar.

El contraste entre el rugido silenciado del león y la precisión certera del arquero dibuja dos formas de masculinidad —una salvaje e impedida, otra refinada y exitosa— que resuenan más allá de la alegoría amorosa. Hay algo profundamente humano en este león que se reconoce inadecuado para el juego del amor pero no puede dejar de querer participar.
 
Diana, tú atraes a la flecha hasta tu centro;
el arquero la lanza buscando dar justo ahí.
¡Qué belleza para el león observar desde el cerco!
Pero le queman las manos por tener él las flechas,
más en sus manos la oportunidad no está.

Es tan descorazonador para él aceptarlo:
él quiere también tener el derecho.
No hay camino, no existe alguno;
solo la distancia y el silencio entre tu belleza
y su rugido silenciado.
Quiere rugir y mostrarse ante ti,
pero no puede, está claramente apagado.

¡Qué desdicha siente el león de solo mirar a lo lejos!
Se le rompe el corazón al saber que no es él,
que no es el arquero que pueda apuntar hacia ti
y sentirse dichoso.

Quiere ser quien gane la contienda, pero no tiene
cómo; sus garras romperían el arco y su fuerza
destrozaría la flecha.
Aun así, Diana, el león quiere competir
para atinar a tu centro.
Buen comienzo Xalacio Hdz.
Bienvenido al Foro.

Saludos
 
Bienvenido, Xalacio, buen inicio en el Portal compartiendo este original poema que nos ofreces como primicia y muestra de tu obra lírica.
Espero te encuentres a gusto entre nosotros y sigas presentando asiduamente tus temas en los foros del Portal.


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