José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
EL LÍDER QUE ELIJO SER.
“Así quisiera yo que fueran los líderes y representantes que nos gobiernan”
No quiero un sillón allá en la cima.
Ni un vasallo perdido en la ignorancia.
Ni pretendo esclavos serviles prestos a mi enojo.
Elijo ser vuestro apoyo en la arena, y consejero.
Vuestra luz guía en las tinieblas,
Vuestra vela en el velero.
Y no un tirano lejano, tras telón de acero,
irrespetuoso, egoísta, necio y grosero.
No quiero el saludo indiferente, de obligación caduca.
Ni sordera que os excluya, de creído insolente.
Elijo vuestro abrazo espontáneo.
Y una crítica reparadora,
a una solución fallida.
Y no un falso respeto mutuo.
Ni juicios solemnes a vuestra valía.
Os quiero como sois,
con errores.
No reprocho vuestro errar, que es el mío.
Reprocho justificar el desvarío.
No quiero crecer, ni florecer a costa de vuestra lucha.
Y acaparar para mí los éxitos y dejaros a solas en la negrura.
Elijo ser vuestro ariete en la batalla,
y vuestro escudo en la derrota.
vuestra peana en el trofeo,
vuestro siervo en la amargura.
Y no anhelar prebendas,
ni agasajos teñidos de ignominia.
No busco reconocimiento, vacuo, baldío y ramplón.
Busco el trabajo bien hecho con entusiasmo y corazón.
Elijo amaros:
Respetaros como lo que sois, importantes, de gran valía.
Honraros cada día, sin tacha, y gallardía.
Agasajaros, apreciaros sin reparo.
Serviros sin pretensiones.
Escucharos sin vetos, sin muestra de enojado.
Perdonaros vuestras ofensas y abrazaros sin rencores.
Satisfacer vuestras demandas, que son las mías.
Y por último, mi compromiso, os prometo que la meta elegida,
será perseguida, sin excusas ni pretextos, sin dilación y valentía.
Con vosotros no desisto, persevero.
Sin vosotros, no existo.
José Ignacio Ayuso Díez
09 de diciembre de 2015
“Así quisiera yo que fueran los líderes y representantes que nos gobiernan”
No quiero un sillón allá en la cima.
Ni un vasallo perdido en la ignorancia.
Ni pretendo esclavos serviles prestos a mi enojo.
Elijo ser vuestro apoyo en la arena, y consejero.
Vuestra luz guía en las tinieblas,
Vuestra vela en el velero.
Y no un tirano lejano, tras telón de acero,
irrespetuoso, egoísta, necio y grosero.
No quiero el saludo indiferente, de obligación caduca.
Ni sordera que os excluya, de creído insolente.
Elijo vuestro abrazo espontáneo.
Y una crítica reparadora,
a una solución fallida.
Y no un falso respeto mutuo.
Ni juicios solemnes a vuestra valía.
Os quiero como sois,
con errores.
No reprocho vuestro errar, que es el mío.
Reprocho justificar el desvarío.
No quiero crecer, ni florecer a costa de vuestra lucha.
Y acaparar para mí los éxitos y dejaros a solas en la negrura.
Elijo ser vuestro ariete en la batalla,
y vuestro escudo en la derrota.
vuestra peana en el trofeo,
vuestro siervo en la amargura.
Y no anhelar prebendas,
ni agasajos teñidos de ignominia.
No busco reconocimiento, vacuo, baldío y ramplón.
Busco el trabajo bien hecho con entusiasmo y corazón.
Elijo amaros:
Respetaros como lo que sois, importantes, de gran valía.
Honraros cada día, sin tacha, y gallardía.
Agasajaros, apreciaros sin reparo.
Serviros sin pretensiones.
Escucharos sin vetos, sin muestra de enojado.
Perdonaros vuestras ofensas y abrazaros sin rencores.
Satisfacer vuestras demandas, que son las mías.
Y por último, mi compromiso, os prometo que la meta elegida,
será perseguida, sin excusas ni pretextos, sin dilación y valentía.
Con vosotros no desisto, persevero.
Sin vosotros, no existo.
José Ignacio Ayuso Díez
09 de diciembre de 2015