El limonero y el zorro

Azulzurita

Volar soñando..Crear amando
I

Comienza esta historia, con un singular zorro que siempre merodeaba en el bosque.
Un día como tantos salió a sus andanzas, y descubrió como buen observador, que entre todos los árboles que se extendían por el prado, había uno especial de verdes frutos que llamó enseguida su atención y no sabía de momento bien porqué, luego de una buena y minuciosa observación, el zorro se dio cuenta, que los árboles cargados de frutos, dejaban caer algunos sobre el suelo, cosa que este en particular no hacía.
Y aunque el zorro comía algún que otro animal, también se le apetecía de vez en cuando, comer algo de sabor dulce como una manzana.
Fue así que se acercó muy curioso a éste árbol en particular, colocándose bajo su copa, observando si el viento hacía caer algún fruto, y nada sucedió.
El porfiado zorro, comenzó a sacudir el delgado árbol con su fuerte cuerpo para que algún fruto se desprendiese de sus ramas, y nada sucedió.
Cuando ya el zorro se comenzó a ofuscar, el árbol habló y le preguntó.
-Que haces zorro, porque me sacudes?
A lo que el zorro respondió.
-No dejas caer tus frutos y me estoy impacientando.
El sabio árbol respondió.
Cuando maduren zorro, cuando maduren.
Ante tal afirmación, el pequeño mamífero, decidió seguir yendo todos los días a visitarlo, quedándose bajo su copa.
Esperando a veces se impacientaba demasiado, pero esperaba.
En el lugar había una mujer, una campesina, a la que le gustaba la lectura y disfrutar de las cosas simples de la vida, como la naturaleza que la rodeaba, ella solía pasear con sus libros por aquél lugar y observaba pero sin acercarse, siempre la misma escena del zorro debajo del árbol, pero sin mas seguía su camino.
Ya resignado el zorro, decidía comer los frutos de los demás árboles, pero luego se recostaba a la sombra de éste, que no le ofrecía ningún fruto, pero sin embargo ahí se quedaba, esperando, debajo de su copa, a su sombra.

II

Así fue pasando el tiempo y el árbol, se fue acostumbrando a la compañía del zorro, y este a la fresca sombra de aquél árbol.
Hasta que llegada la primavera, el árbol ya maduro, decidió sin pensarlo demasiado, dejar caer al suelo uno de sus frutos, orgulloso de haber tomado la decisión correcta.
El zorro que en ese momento se encontraba durmiendo bajo su sombra, despertó y se encontró para su sorpresa, con el pequeño y tímido fruto amarillo.
-Oh gran árbol. Exclamó el zorro. Por fin has dejado caer uno de tus frutos, que alegría!.
Y este sin perder tiempo, se lanzó sobre el para darle una mordida. Dándose cuenta inmediatamente que el fruto era de un sabor para el, desagradablemente ácido.
Este dijo.
-Pero que me has dado.
El árbol respondió.
-Mi fruto.
El zorro dijo.
-Es horrible, porque no me has dicho que tus frutos son tan ácidos que no se pueden comer, que tipo de árbol eres?
-Soy un limonero. Afirmó.
Porque no me has dicho que eres un limonero. Reprochó el zorro.
-Porque nunca me has preguntado- Respondió el árbol.
-Tanta espera para esto?, yo que gano?. Continuó el zorro.
-Has aprendido a ser paciente y también te he ofrecido mi sombra y mi compañía.
El zorro reclamó.
-Pues no me ha servido tanta espera, yo pensé que tu fruto era especial y ahora me he desilusionado.
Dijo. Ya no volveré a estar bajo tu sombra nunca más. Luego se alejó.

III

El árbol decepcionado y triste, al perder la compañía del zorro, le restó importancia a sus frutos, dejando caer a casi todos, en el verde pasto. No había consuelo para él.
La campesina que frecuentaba el lugar, vio al árbol triste y se acercó a éste diciendo.
Yo recogeré siempre tus frutos limonero, he pasado a tu lado todos los días y tu ni me has mirado, pero yo si a ti te he visto.
Con el jugo de tus limones haré ricas limonadas y condimentaré las ensaladas que mas me gustan con ellos.
El limonero atónito, no supo cómo agradecer la bondad de la muchacha, y por tal gesto, se prometió compartir con ella su sabiduría, entonces la muchacha también agradeció.

Moraleja para el árbol

Si enseñas sobre sabiduría compromiso y amor, fíjate quien en ti lo va a valorar o apreciar.
Puedes entregar tus frutos cuando te sientas preparado, o te de cuenta que quién los ha de recibir, los merece. Valórate, cuídate, ámate.
 
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