El litigio de dos almas

Teo Moran

Poeta fiel al portal
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Volaron las promesas sobre el río calcinado,
los juncos enjutos cedieron ante la avalancha
y las ranas nodrizas lloraron mil lágrimas
en una tormenta estridente y sin consuelo
donde estoy sin abrigo ante la tempestad,
y sin ninguna razón me encuentro desnudo
cual ave en la rama despojada del almendro
mas sé que no soy nada para el árbol ni el cielo…
¡Bien sé que todo cambia de vista cuando te doblegas!
Sé que las palabras enmudecen ante la tormenta,
también sé como se forman los rayos efervescentes
que dominan con su destello al corazón sangrante,
sé que en la algarabía de los trinos uno me llama,
reclama mi atención bajo la batuta del viento,
que su desconsuelo es una nube impenetrable,
una semilla sin germinar en el cristal del alma,
y en la vega verde de mi anhelada esperanza
es el aliento de unos labios cuando sedientos
se unen en un sueño del que no quieren despertar.
Sé que eres el grano pétreo del plomizo otoño,
el jalón que divide el espíritu del cuerpo,
el aroma de las rosas tintadas de amarillo
en la vegetación inflamada de mi pecho.
¡Bien sé que nada cambia de sitio cuando te doblegas!
Es por esto que esta noche te digo que te amo,
por todas tus horas dedicadas a mí en la lejanía,
por tus indecisiones que no saben del camino,
de tus mañanas que huelen a mar bajo tu ventana,
a la constancia del cauce de tu lágrima salada
que con su desidia llena de escarcha la mirada.
Es por eso que te amo, por la niñez perdida,
por la juventud que se hizo jirón entre las olas
y hoy es parte de la rama con su melancolía
en la cual me poso como un ave sin destino
porque sé que no soy nada para el árbol ni el cielo…
¡Bien sé que el cielo cambia de forma cuando te doblegas!
Allí amada mía, donde la tormenta desviste su velo,
allí donde los plataneros sueñan al compás de la brisa
y las palmeras vierten a la orilla del acantilado
la melodía de sus hojas acariciadas por el viento,
voy como el pétalo dulce de la rosa amarilla
en busca de los pliegues de tus delicados dedos,
y quisiera morir sin abrigo en medio de la tormenta
si la esperanza ya no fuera parte de mi sueño…
¡Bien sé que el amor te levanta cuando te doblegas!
 

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