Rodrigo del Río
El cazador de sueños.
En mi casa, no había moscas, arañas ni polillas; todos eran alimento del “Chocho”, un zorzal que mi mamá crió de chiquito y al que le gustaba volar libre y cantar por las mañanas. Le faltaba un dedo de su patita, se lo cortó un día con la puerta del mueble de cocina; donde acostumbraba a comer migas.
Una vez en el jardín, conoció a una hembra que lo conquistó. Estuvo saliendo con ella como una semana y una tarde, se vino a despedir y se marchó para siempre. Fue más considerado que papá, que desapareció un día sin dejar rastro.
Echamos de menos al Chocho.
Rodrigo del Rio