danie
solo un pensamiento...
Astillando la alborada,
abrojos blancos de sus ojos de rosa,
de sus dos mejillas rosáceas
se escurren las mustias lágrimas,
caen como gotas de agua
inmiscuidas en el canto de la seráfica mañana,
telares que tejen una triste sinfonía,
sacros sueños de aquella dama.
Navegando por los ríos
y decantando en la cuenca de un nado de sirenas
que atraen a los nautas peregrinos.
Ecos de una inmaculada belleza
de ojos castos y heridos
que plantan en mi pecho la raíz
del cogollo de la Amaranta divina.
Gotas de agua en las que florecen las lisonjas
sobre el légamo de la tierra fría,
donde las amapolas y los jazmines habitan
con sus nimbos dorados de ángeles pulcros
y cristalinos.
Así, llora la dama de mi arcano deseo,
bajada del Parnaso, de las glorias
y las leyendas de ninfas y sus caballeros.
Así, surge el llanto de mi dama
como vino vertido en mi pecho,
mezclando la miel y la sangre del fervor
en un corazón perplejo.
Un llanto que derrite hasta el más duro hielo,
que enternece a la piedra del áspero suelo,
que es fragmento del acorde de los ángeles,
de un Cupido que vuela esparciendo flechas
por el sembradío y sus labriegos…
Cómo evitar caer incauto a su sortilegio,
así,me enamoré de esa niña de dulce llanto
y de sacros sueños.
abrojos blancos de sus ojos de rosa,
de sus dos mejillas rosáceas
se escurren las mustias lágrimas,
caen como gotas de agua
inmiscuidas en el canto de la seráfica mañana,
telares que tejen una triste sinfonía,
sacros sueños de aquella dama.
Navegando por los ríos
y decantando en la cuenca de un nado de sirenas
que atraen a los nautas peregrinos.
Ecos de una inmaculada belleza
de ojos castos y heridos
que plantan en mi pecho la raíz
del cogollo de la Amaranta divina.
Gotas de agua en las que florecen las lisonjas
sobre el légamo de la tierra fría,
donde las amapolas y los jazmines habitan
con sus nimbos dorados de ángeles pulcros
y cristalinos.
Así, llora la dama de mi arcano deseo,
bajada del Parnaso, de las glorias
y las leyendas de ninfas y sus caballeros.
Así, surge el llanto de mi dama
como vino vertido en mi pecho,
mezclando la miel y la sangre del fervor
en un corazón perplejo.
Un llanto que derrite hasta el más duro hielo,
que enternece a la piedra del áspero suelo,
que es fragmento del acorde de los ángeles,
de un Cupido que vuela esparciendo flechas
por el sembradío y sus labriegos…
Cómo evitar caer incauto a su sortilegio,
así,me enamoré de esa niña de dulce llanto
y de sacros sueños.
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