El lobo
A mi lobo le encanta el chocolate
y sirve igual para cualquier remiendo
que el más pintiparado reverendo
hablándole al rebaño cual orate.
Mi lobo no repara en el dislate
del cuento que le sigue aconteciendo.
Como si fuera un juego de Nintendo
este cánido sueña con ser vate.
A veces se imagina en su locura
que ya no tiene puntos de sutura
y se ha comido a la Caperucita.
Pobre lobo que fue domesticado
sin comprender ese significado
de quedarse a dormir con la Abuelita.