geraldine villarroel diaz
Poeta asiduo al portal
Te voy a contar un cuento
De un loro garabatero.
Que te rías un poquito
Y que te guste, eso espero.
Era un hombre que solía
Tener amigos por doquier
Por que solo se sentía
Sin tener a quien querer.
Sus amigos no sabían
Que podían regalarle
Por su amistad y simpatía
Ellos querían premiarle
No encontraban la manera
De mostrar su gratitud
Por lo buen amigo que era
Compensando esa virtud.
Y así acordaron un día
Que seria lo mejor
Darle algún loro hablador
Que le hiciera compañía
Y llegaron con el loro
Que hablaba sin parar
Como que fuera un tesoro
Se lo fueron a regalar.
Y el loro todos los días
Le gritaba groserías
Acabando la paciencia,
Del hombre sus insolencias
Y era tan pulcro el fulano
Que no sabia que hacer
Si no cambiaba su lenguaje
Le sacaría el plumaje
Pero se fue encariñando
Con el perico insolente
De a poco le fue aceptando
Esa voz tan estridente
Y viendo que no cambiaba
Su lenguaje impertinente
Le buscó alguna lorita
Averiguando entre la gente
Pensó en una compañera
Que lo volvería recatado
Le enseñaría buenas maneras
Y un lenguaje moderado
Y así hizo una visita
Pues dos beatas tenían
Dos loritas señoritas
Que rezaban todo el día
Pensó que dos periquitas
Tan santas y respetables
El loro por fin seria
Muy educado y amable
Habían aprendido a hablar
Entre rezos y oraciones
Y su suerte fue encontrar
La mejor de las soluciones
Así que se las vendieron
Insistiendo estas venditas
Que cuidara con esmero
A tan cándidas loritas
Y entre recomendaciones
De tan santas señoritas
Le entregaron las loritas
En dos cajas de cartones
Así que llegando a casa
Las liberó de sus cajas
Mirando la reacción
Del sorpresivo encontrón
Pero cuando al loro vieron
Saltaron como enchufadas
¡Esta si es vida! dijeron
¡Por fin fuimos escuchadas!.
Diciendo muy descaradas
¡Ha rezar ya no me dedico
Después de tantas rogadas
Tenemos nuestro perico!
De un loro garabatero.
Que te rías un poquito
Y que te guste, eso espero.
Era un hombre que solía
Tener amigos por doquier
Por que solo se sentía
Sin tener a quien querer.
Sus amigos no sabían
Que podían regalarle
Por su amistad y simpatía
Ellos querían premiarle
No encontraban la manera
De mostrar su gratitud
Por lo buen amigo que era
Compensando esa virtud.
Y así acordaron un día
Que seria lo mejor
Darle algún loro hablador
Que le hiciera compañía
Y llegaron con el loro
Que hablaba sin parar
Como que fuera un tesoro
Se lo fueron a regalar.
Y el loro todos los días
Le gritaba groserías
Acabando la paciencia,
Del hombre sus insolencias
Y era tan pulcro el fulano
Que no sabia que hacer
Si no cambiaba su lenguaje
Le sacaría el plumaje
Pero se fue encariñando
Con el perico insolente
De a poco le fue aceptando
Esa voz tan estridente
Y viendo que no cambiaba
Su lenguaje impertinente
Le buscó alguna lorita
Averiguando entre la gente
Pensó en una compañera
Que lo volvería recatado
Le enseñaría buenas maneras
Y un lenguaje moderado
Y así hizo una visita
Pues dos beatas tenían
Dos loritas señoritas
Que rezaban todo el día
Pensó que dos periquitas
Tan santas y respetables
El loro por fin seria
Muy educado y amable
Habían aprendido a hablar
Entre rezos y oraciones
Y su suerte fue encontrar
La mejor de las soluciones
Así que se las vendieron
Insistiendo estas venditas
Que cuidara con esmero
A tan cándidas loritas
Y entre recomendaciones
De tan santas señoritas
Le entregaron las loritas
En dos cajas de cartones
Así que llegando a casa
Las liberó de sus cajas
Mirando la reacción
Del sorpresivo encontrón
Pero cuando al loro vieron
Saltaron como enchufadas
¡Esta si es vida! dijeron
¡Por fin fuimos escuchadas!.
Diciendo muy descaradas
¡Ha rezar ya no me dedico
Después de tantas rogadas
Tenemos nuestro perico!