Adrián González Diez
Poeta recién llegado
Quiero volar;
cruzar las nubes,
los océanos...
estar en paz.
Quiero llorar...
de felicidad.
Miro el reloj
y él me mira a mi.
El souvenir
sonríe en el jardín
posado en un nenúfar.
El tren
y su nube de vapor esmeralda
anuncian la llegada a la estación.
Los viajeros esperan sin cesar
en el andén de sus vidas,
en los raíles del cosmos.
La brisa se asoma a mi ventana
alterando la posición de las cortinas,
animando a mi pluma
a bailar a su son.
Y baila...
la melodía inocente de las caléndulas
retando al amor del rosal.
Me miro,
te miras.
Se asombra el tiempo,
el tierno momento
que el viento no logrará envejecer.
Me toca tu alma
y ya somos uno...
o ninguno.
Dos lágrimas
y dos sonrisas.
Un grito
y dos silencios.
Dos latidos...
en un corazón.
cruzar las nubes,
los océanos...
estar en paz.
Quiero llorar...
de felicidad.
Miro el reloj
y él me mira a mi.
El souvenir
sonríe en el jardín
posado en un nenúfar.
El tren
y su nube de vapor esmeralda
anuncian la llegada a la estación.
Los viajeros esperan sin cesar
en el andén de sus vidas,
en los raíles del cosmos.
La brisa se asoma a mi ventana
alterando la posición de las cortinas,
animando a mi pluma
a bailar a su son.
Y baila...
la melodía inocente de las caléndulas
retando al amor del rosal.
Me miro,
te miras.
Se asombra el tiempo,
el tierno momento
que el viento no logrará envejecer.
Me toca tu alma
y ya somos uno...
o ninguno.
Dos lágrimas
y dos sonrisas.
Un grito
y dos silencios.
Dos latidos...
en un corazón.