Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
El lugar del amor.
Aquí te espero,
donde la luz termina su viaje majestuoso
desde el momento crítico de la creación.
Aquí te espero,
donde paran todas las aguas de los ríos,
en el aljibe inmenso del mar.
Aquí te espero,
con todas las ansias del alma arropadas,
latentes y temerosas.
Aquí te espero,
como siempre lo he hecho,
en un lecho de amor y ternura.
Te espero
en la pared que detiene el sonido de tu voz,
y contiene los calmantes arrullos de tu vientre.
Espero, amor mío,
donde las flores destilan lo dulce
y proyectan el calidoscopio de la vida.
En ese lugar de confluencias,
donde tus manos se unen con las mías,
donde tu mirada me arropa eternizante,
donde tu sola presencia inspira
y traspasa el alma con dulzura.
Donde somos uno,
extensiones de nosotros mismos,
destello de luz infinita...
Ahí te espero.
Aquí te espero,
donde la luz termina su viaje majestuoso
desde el momento crítico de la creación.
Aquí te espero,
donde paran todas las aguas de los ríos,
en el aljibe inmenso del mar.
Aquí te espero,
con todas las ansias del alma arropadas,
latentes y temerosas.
Aquí te espero,
como siempre lo he hecho,
en un lecho de amor y ternura.
Te espero
en la pared que detiene el sonido de tu voz,
y contiene los calmantes arrullos de tu vientre.
Espero, amor mío,
donde las flores destilan lo dulce
y proyectan el calidoscopio de la vida.
En ese lugar de confluencias,
donde tus manos se unen con las mías,
donde tu mirada me arropa eternizante,
donde tu sola presencia inspira
y traspasa el alma con dulzura.
Donde somos uno,
extensiones de nosotros mismos,
destello de luz infinita...
Ahí te espero.