El manto de la Verónica

Robsalz

Poeta que considera el portal su segunda casa
Te confío mi nombre y apellido,
mis supuestos y mis quizás,
te confío el fondo de mis latidos
y la capa vieja de Superman.

Los débiles ecos de mis voces muertas
y las vivas imágenes que dejé en el mar,
las fábulas de amor y mis penitencias
y un par de billetes que ya no están.

El manto de la Verónica que llevé a lavar ayer
y me dijeron que la tela no era de buena calidad,
tres tablas del Arca de Noé
y la fórmula mágica de la eternidad.

Y es que no necesito magia ni cielos con estrellas,
no necesito luces ni trajes de fiesta,
sólo te necesito a ti junto a mí
y una sonrisa de esas que te hacen ver tan bella.

Las campanas que dan siempre el mediodía
a una hora distinta,
los libros de Allende y de Sherlock Holmes,
dos silbidos que se extraviaron un mal día
en que nos disgustamos y tu boca no me besó.

Mis ademanes que me hacen un poco más imbécil
y el diccionario para entenderme aunque es imposible,
la tortuga que engañó a la liebre
y la tumba triste donde están mis culpas.

Los zapatos del hombre serio que no fui en la vida
y el traje de payaso con que me divierto,
este amor que siento tiene tu foto en exclusiva
y tu fragancia que me acaricia como el viento.

El manto de Verónica que resultó falso
aunque llevo veinte siglos de tenerlo.
 
Entretenida lectura en este poema en el que confiesas seguir manteniendo ese amor vivo en tu corazón.

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Te confío mi nombre y apellido,
mis supuestos y mis quizás,
te confío el fondo de mis latidos
y la capa vieja de Superman.

Los débiles ecos de mis voces muertas
y las vivas imágenes que dejé en el mar,
las fábulas de amor y mis penitencias
y un par de billetes que ya no están.

El manto de la Verónica que llevé a lavar ayer
y me dijeron que la tela no era de buena calidad,
tres tablas del Arca de Noé
y la fórmula mágica de la eternidad.

Y es que no necesito magia ni cielos con estrellas,
no necesito luces ni trajes de fiesta,
sólo te necesito a ti junto a mí
y una sonrisa de esas que te hacen ver tan bella.

Las campanas que dan siempre el mediodía
a una hora distinta,
los libros de Allende y de Sherlock Holmes,
dos silbidos que se extraviaron un mal día
en que nos disgustamos y tu boca no me besó.

Mis ademanes que me hacen un poco más imbécil
y el diccionario para entenderme aunque es imposible,
la tortuga que engañó a la liebre
y la tumba triste donde están mis culpas.

Los zapatos del hombre serio que no fui en la vida
y el traje de payaso con que me divierto,
este amor que siento tiene tu foto en exclusiva
y tu fragancia que me acaricia como el viento.

El manto de Verónica que resultó falso
aunque llevo veinte siglos de tenerlo.
Un honor leerte
Gracias, por tus maravillosas letras.
Un saludo
 

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