El mar tiene en sus manos los relojes,
tiene las sepulturas del recuerdo
cuando transforma su docilidad
en las garras azules de un poniente,
en un canibalismo caudaloso
que se traga el rigor del calendario.
Con los puños salados
golpea las maneras en que el tiempo
se manifiesta, sea la jornada
en cualquier hora interminable, sea
el reciclaje oscuro del pasado.
Y vuelvo a ser el número mojado,
la colisión en medio de un naufragio,
el absoluto cero que a la izquierda
ni siquiera se ve desde las islas
de tu mirada verde
cuando la luna anuncia ya
la retirada próxima del día.
tiene las sepulturas del recuerdo
cuando transforma su docilidad
en las garras azules de un poniente,
en un canibalismo caudaloso
que se traga el rigor del calendario.
Con los puños salados
golpea las maneras en que el tiempo
se manifiesta, sea la jornada
en cualquier hora interminable, sea
el reciclaje oscuro del pasado.
Y vuelvo a ser el número mojado,
la colisión en medio de un naufragio,
el absoluto cero que a la izquierda
ni siquiera se ve desde las islas
de tu mirada verde
cuando la luna anuncia ya
la retirada próxima del día.