El mar y yo

Zelly

Poeta recién llegado
Frente al sempiterno mar,

con sus blondas arenas,

seguro y acogedor, se erguía

mi dulce hogar, donde la vida

me brindó placenteros

e inolvidables días de adolescente.

Al conocer el mar,

por primera vez,

deslumbrada quedé

ante aquella inmensidad,

y al escuchar el murmullo

de sus olas, arrullada

dulcemente me sentí.

Contemplándole estaba,

de pronto algo muy fuerte

me atrajo hacia él,

sin pensarlo, sin temores,

corrí y me sumergí

en sus vivificantes aguas,

que mimosas se deslizaban

por mi espalda, causándome

increíble regocijo, estaba muy feliz,

había encontrado un incondicional

amigo, le prometí volver pronto,

agradeciéndole me despedí

con un "hasta pronto".

Desde entonces cualquiera

que fuere mi estado de ánimo

recurría al mar, algunas veces

le encontraba pasivo, y otras

agresivo, igual le amaba yo.

Mullidamente, sentada

en sus orillas, le hacía partícipe

de lo que me acontecía, de mis cosas,

algunas exitosas y también

mis frívolas inquietudes.

Atenta esperaba su comentario,

que lo hacía a través

del ir y venir de sus olas,

semejante a la conversación

de dos buenos amigos;

jamás temí su agresividad,

porque aun así, me transmitía

su valor, su fuerza, su serenidad,

y tornaba a mi hogar

con el corazón renovado

y mi alma llena de luz y paz.

Disfrutaba en las noches

de plenilunio, al ver sus aguas

semejantes a un manto plateado.

Gran fascinación me causaba,

el marino paisaje, circundado

por la semiluz de la aurora,

que acariciaba sus frágiles olas.

Sobre la quietud blanda del grao,

reposaban las barcas, en espera

de los pescadores, para surcar

sus aguas en busca de su sustento.

Por azares del destino

triste, del mar me alejé,

al despedirme me dije:

"Pensaré que mi vida

es una barca, y navegaré

en ella, sintiendo siempre

la necesidad de su presencia,

con la esperanza de volver".

Cuando eso suceda, escapará mi alma y,

en un largo suspiro, diré:

juntos otra vez, hasta la eternidad

el mar y yo.
 
Última edición:
Gracias, Eban, por tus palabras. Un gusto encontrar a alguien que ame tanto el mar como yo. Fascinante y dice tanto del amor el pequeño poema que acompaña tu mensaje.
Saludos,
Zelly
 

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