geraldine villarroel diaz
Poeta asiduo al portal
Quiero contarte este cuento
De un hombre que fue a Japón
Era cumplir con un sueño
Que era su gran ilusión
Instalado en el hotel
Y dejando su equipaje
Busco un auto con chofer
Para disfrutar su viaje
Se paseó por todos lados
Para ver y conocer
Sus ojos al vidrio pegado
¡No se la podía creer!
Y entre el mirar, preguntar
Caminar por los pasajes
Entre el subirse y bajar
Y después de tantos virajes
Vio una sala de masajes
Justo para la ocasión
Pues se sentía muy tenso
Al viajar en el avión.
Así que se decidió
Y rapidito se inscribió
Pidiendo a la recepción
Que hicieran una excepción
Que lo atendieran urgente
Hecho que fue concedido
Y pasando entre la gente
Este entró muy decidido
Lo atendió una japonesa
Y le indicó una camilla
Tan alta como una mesa
Hecha de varias varillas.
Pasándole un camisón
Semejante a un delantal
Que era blanco y de algodón
con un gran signo oriental
Pidió que se recostara
Estirando una cortina
dejándola muy cerrada
Hecha de tela muy fina.
Y así, mientras esperaba
En la cortina cerrada
Mirando quien se asomaba
¡Adivina que pasó!...
Que lo que se asomó
Fue un enorme y gordo buda
Que era el masajista
No quedó ninguna duda
Solo hablaba japonés
Haciendo algunas señales-
Que el tipo con la boca abierta
No entendió ni las vocales
Tenía puesto un kimono
Y un tremendo cinturón
Y todas las artes marciales
lo anunciaban un campeón
Y haciendo una reverencia
Empezó con el masaje
-Y este perdió la conciencia
Hasta que estaba de viaje.-
Que le dolió hasta la sombra
¡De eso, ninguna duda!
Lo sacudió como alfombra
Sonriéndole como un buda.
Y en vez de hacerle masajes
Lo amaso y lo cacheteo
Haciéndole mil virajes
¡Como lo zarandeó !
Como gritaba ese pobre
Socorro y pidiendo ayuda
Le quedó el que no se nombra
Como una tripa menuda.
Lo fregó hasta porsiacaso
Moliéndole el espinazo
En vueltas y en costalazos
Entre sus tremendos brazos
Le crujían las costillas
Y estaba medio asfixiado
Le dolían las rodillas
Y estaba medio mareado
Sin tener como safarse
Esa fue su pesadilla,
Al intentar arrancarse
Pronto de esa camilla,
Hasta que por fin lo dejó,
Haciendo otra reverencia
Y así fue que terminó
Su dolorida experiencia
Convertido en un guiñapo
Cuando todo se acabo
Sintiendo el cuerpo como trapo
Por tres días se durmió.
De un hombre que fue a Japón
Era cumplir con un sueño
Que era su gran ilusión
Instalado en el hotel
Y dejando su equipaje
Busco un auto con chofer
Para disfrutar su viaje
Se paseó por todos lados
Para ver y conocer
Sus ojos al vidrio pegado
¡No se la podía creer!
Y entre el mirar, preguntar
Caminar por los pasajes
Entre el subirse y bajar
Y después de tantos virajes
Vio una sala de masajes
Justo para la ocasión
Pues se sentía muy tenso
Al viajar en el avión.
Así que se decidió
Y rapidito se inscribió
Pidiendo a la recepción
Que hicieran una excepción
Que lo atendieran urgente
Hecho que fue concedido
Y pasando entre la gente
Este entró muy decidido
Lo atendió una japonesa
Y le indicó una camilla
Tan alta como una mesa
Hecha de varias varillas.
Pasándole un camisón
Semejante a un delantal
Que era blanco y de algodón
con un gran signo oriental
Pidió que se recostara
Estirando una cortina
dejándola muy cerrada
Hecha de tela muy fina.
Y así, mientras esperaba
En la cortina cerrada
Mirando quien se asomaba
¡Adivina que pasó!...
Que lo que se asomó
Fue un enorme y gordo buda
Que era el masajista
No quedó ninguna duda
Solo hablaba japonés
Haciendo algunas señales-
Que el tipo con la boca abierta
No entendió ni las vocales
Tenía puesto un kimono
Y un tremendo cinturón
Y todas las artes marciales
lo anunciaban un campeón
Y haciendo una reverencia
Empezó con el masaje
-Y este perdió la conciencia
Hasta que estaba de viaje.-
Que le dolió hasta la sombra
¡De eso, ninguna duda!
Lo sacudió como alfombra
Sonriéndole como un buda.
Y en vez de hacerle masajes
Lo amaso y lo cacheteo
Haciéndole mil virajes
¡Como lo zarandeó !
Como gritaba ese pobre
Socorro y pidiendo ayuda
Le quedó el que no se nombra
Como una tripa menuda.
Lo fregó hasta porsiacaso
Moliéndole el espinazo
En vueltas y en costalazos
Entre sus tremendos brazos
Le crujían las costillas
Y estaba medio asfixiado
Le dolían las rodillas
Y estaba medio mareado
Sin tener como safarse
Esa fue su pesadilla,
Al intentar arrancarse
Pronto de esa camilla,
Hasta que por fin lo dejó,
Haciendo otra reverencia
Y así fue que terminó
Su dolorida experiencia
Convertido en un guiñapo
Cuando todo se acabo
Sintiendo el cuerpo como trapo
Por tres días se durmió.