martín ceja avalos
Poeta recién llegado
Una mujer, ya cansada de su vida matrimonial, comenzó a quejarse amargamente con su marido, de la mala vida que éste le había dado por todos esos años en los que han vivido juntos.
Un día de tantos, al levantarse de dormir; le dijo a su esposo, que ya era lo último que le aguantaba.
Que ya estaba harta de todo, y gritando como loca diciendo vituperios; comenzó a aventarle cuantas cosas estuviera a la mano de la mujer.
Aquel hombre, al ver la desesperación de su esposa. Y tratando de que ningún objeto lo fuera a dañar considerablemente, a él ó a ella.
Le dijo a su mujer:
-tienes mucha razón mujer. Esposa mía.
Tu te ves muy mal, por la mala vida que yo te he dado, por todos estos años de indómitos sufrimientos. En los que tú has vivido tú infierno con
Migo.
-¡Sabes una cosa esposa mía!; ¡yo!, ¡también estoy ya muy cansado de darte esta mala vida!.
¡De yo ser tú infierno!...
Y tú; Mi diablillo é impetuoso morador.
En ese mismo instante.
Los dos, hombre y mujer. Juntos.
Se durmieron abrasados en la irónica indiferencia, cubriéndose del frió con la amarga monotonía, y reposaron su cabezas en el hastío del desamor. Sus sueños fueron envueltos en un infierno que no los dejo despertar nunca jamás.
Los que a diario los veían pelear así; señalaban que:
- ¡así vivieron toda su vida!.
-Otros, en cambio; replicaban, que:
- ¡así estuvieron muertos toda la vida; nunca pudieron vivir su vida!.
Los hijos, que ambos tuvieron; los cubrieron con el mismo abrigo, para que no murieran de frío. Amamantándolos siempre con
¡El que dirán, de los demás!.
TOMADO DEL LIBRO :
MIRADAS DE UN ÁNGEL.
DE MARTÍN CEJA AVALOS
Un día de tantos, al levantarse de dormir; le dijo a su esposo, que ya era lo último que le aguantaba.
Que ya estaba harta de todo, y gritando como loca diciendo vituperios; comenzó a aventarle cuantas cosas estuviera a la mano de la mujer.
Aquel hombre, al ver la desesperación de su esposa. Y tratando de que ningún objeto lo fuera a dañar considerablemente, a él ó a ella.
Le dijo a su mujer:
-tienes mucha razón mujer. Esposa mía.
Tu te ves muy mal, por la mala vida que yo te he dado, por todos estos años de indómitos sufrimientos. En los que tú has vivido tú infierno con
Migo.
-¡Sabes una cosa esposa mía!; ¡yo!, ¡también estoy ya muy cansado de darte esta mala vida!.
¡De yo ser tú infierno!...
Y tú; Mi diablillo é impetuoso morador.
En ese mismo instante.
Los dos, hombre y mujer. Juntos.
Se durmieron abrasados en la irónica indiferencia, cubriéndose del frió con la amarga monotonía, y reposaron su cabezas en el hastío del desamor. Sus sueños fueron envueltos en un infierno que no los dejo despertar nunca jamás.
Los que a diario los veían pelear así; señalaban que:
- ¡así vivieron toda su vida!.
-Otros, en cambio; replicaban, que:
- ¡así estuvieron muertos toda la vida; nunca pudieron vivir su vida!.
Los hijos, que ambos tuvieron; los cubrieron con el mismo abrigo, para que no murieran de frío. Amamantándolos siempre con
¡El que dirán, de los demás!.
TOMADO DEL LIBRO :
MIRADAS DE UN ÁNGEL.
DE MARTÍN CEJA AVALOS