El Mausoleo

Orfelunio

Poeta veterano en el portal
El Mausoleo
Mau, mau, maullaba el gato, tras un sólido megalítico, que de rato en rato, su grandioso dintel granítico, crujía cual cambio de fase frigorífico, estrambótico, terrorífico y trifásico. Entré, "sonó el dintel": Y así es, así, así es.

¿Qué es lo que es así, -se oyó-, si se puede saber Secalla?

Aterrorizado, respondí: Señor, directo va usted al grano, y directo se invitó, que entré sólo a echarle un vistazo, asegurarme quería.

-¿De qué?, preguntó.

Del milagro de verlo callado, del asunto de ordeno y mando que terminaron en su mudez.

-Pero, ¿de qué habla Belmúdez?, ¡cállese!.

Belmúdez Secalla, así es, así de nombre me llaman, así de apellido también. ¡Vaya milagro cabroncete!, vaya milagro ¡socarrón!

-¿De qué milagro está hablando, si soy un muerto más de entre todo el montón?-.

Invitado se ha, invitado se vio. Le invito a que vea como yo, un milagro tan grande como el agujero de su culo, más bien socavón, que tanto y tanto comió, que se cayó por un tubo, cuando el balcón se rompió, y no me ponga en un brete, no sé quien lo incitó, que balcón no hubo, cuando en cuclillas, paticorto y regordete, muy oportuno, cayó de lo alto del retrete, por ir tonto, tanto y tuno, a enseñar el ojete, por comer que no quede, si se puede... ¡al banquete! Por callar a más de uno, por mandar sin más ni sumo, por cagar más que ninguno, de tan alto se cayó, que ya ni bebo, ni como ni fumo, de aquellos puros que le di, y mucho menos, de los puros que me dio.

Mau, mau… ¿Sí, señor director?

***

 

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