MARIO CUADROS
Intento de poeta
Si nos ponemos a pensar
el temor más grande es que dejemos de pensar.
El que se desvanezca el pensamiento,
como si esta humanidad fuese tan insignificante
como una gota en el mar.
Es la muerte,
no la ajena sino la nuestra.
Es un temor tan irreal;
es como temer a dejar de amar,
a dejar de ser feliz,
a dejar de condescenderse
con un guiño de ojos,
a dejar de sentir apatía
por el vulgar trabajo,
a dejar de sentir rencor
de un puño sonámbulo,
a dejar de sentir celos,
a dejar de sentir vergüenza,
a dejar de sentir orgullo
cuando mis versos caben en los ojos,
a dejar de sentir pesadez de mañanas,
a dejar de sentir calor de labios,
a dejar de sentir frio de miradas,
a dejar de sentir sopor de palabras,
a dejar de sentir envidia,
a dejar de sentir deseos,
a dejar de sentir dolor.
Es el temor a dejar de temer.
Pero puede haber consuelo,
la inteligencia da muchos caminos,
y más la imaginación.
A veces pienso, que la muerte
es como el pacto
del atardecer y del anochecer:
frio, revelador y muy corto.
Otras, como una carretera,
una religiosa y perenne fe,
muy duradera
y con vista de otro punto de inicio
en su final.
Esta es la mejor
y la menos sensata.
el temor más grande es que dejemos de pensar.
El que se desvanezca el pensamiento,
como si esta humanidad fuese tan insignificante
como una gota en el mar.
Es la muerte,
no la ajena sino la nuestra.
Es un temor tan irreal;
es como temer a dejar de amar,
a dejar de ser feliz,
a dejar de condescenderse
con un guiño de ojos,
a dejar de sentir apatía
por el vulgar trabajo,
a dejar de sentir rencor
de un puño sonámbulo,
a dejar de sentir celos,
a dejar de sentir vergüenza,
a dejar de sentir orgullo
cuando mis versos caben en los ojos,
a dejar de sentir pesadez de mañanas,
a dejar de sentir calor de labios,
a dejar de sentir frio de miradas,
a dejar de sentir sopor de palabras,
a dejar de sentir envidia,
a dejar de sentir deseos,
a dejar de sentir dolor.
Es el temor a dejar de temer.
Pero puede haber consuelo,
la inteligencia da muchos caminos,
y más la imaginación.
A veces pienso, que la muerte
es como el pacto
del atardecer y del anochecer:
frio, revelador y muy corto.
Otras, como una carretera,
una religiosa y perenne fe,
muy duradera
y con vista de otro punto de inicio
en su final.
Esta es la mejor
y la menos sensata.