luna isabella
Poeta recién llegado
Se ha aislado sin murmurar
En el exilio de su hoguera.
Se ha perdido sin preguntar
los motivos de su quimera.
Cerró su memoria al pasado
al sumergirse en el sufragio
aquél que lo ha sellado
Como hijo del mal presagio.
Quejas y reclamos diluidos
en los acordes tristes del olvido.
Arrastrado rocas invisibles
no se detiene en su pregonar.
Sus pies toscos e insensibles
van marcando su traginar.
La llaga cruda de su vivir infausto
La resonancia sorda de su sentir nefasto.
Azotante el frío nocturno
entre peñascos de papel
Arapos hechos en saturno
lejanos y ausentes como él
No falta entre sus andrajos
la adrenalina artificial.
La vitamina, la morfina
Su piedra de cristal.
Se penetra en la quimera
fria, vana de espejismo.
Se acongoja en la rimera
de los sueños de sinismo.
Se tornó él dolor en autismo
al convalecer con el pesar a cuesta
bordó su vara de egoísmo
con el silencio quieto de su protesta.
Seca su boca , vacía mano
mendigando paciencia
a la negra conciencia
del ser humano.
Sobre el andar miserable
de su lucha indomable
Al despertar cada día
Con la huella imborrable
de su fiel pesadia.
En el soleado vespertino
En el apogeo de su intoxicación.
Tilda al tiempo de adivino.
A los hombres de cretinos.
En su vaga dimensión
Al mar, lo acusa de asecino.
Al viento digno de traición.
y entre el sueño y la ilusión
dibuja nubes de carbón
En lo más bajo de su noción
pide a gritos compasión!
En el exilio de su hoguera.
Se ha perdido sin preguntar
los motivos de su quimera.
Cerró su memoria al pasado
al sumergirse en el sufragio
aquél que lo ha sellado
Como hijo del mal presagio.
Quejas y reclamos diluidos
en los acordes tristes del olvido.
Arrastrado rocas invisibles
no se detiene en su pregonar.
Sus pies toscos e insensibles
van marcando su traginar.
La llaga cruda de su vivir infausto
La resonancia sorda de su sentir nefasto.
Azotante el frío nocturno
entre peñascos de papel
Arapos hechos en saturno
lejanos y ausentes como él
No falta entre sus andrajos
la adrenalina artificial.
La vitamina, la morfina
Su piedra de cristal.
Se penetra en la quimera
fria, vana de espejismo.
Se acongoja en la rimera
de los sueños de sinismo.
Se tornó él dolor en autismo
al convalecer con el pesar a cuesta
bordó su vara de egoísmo
con el silencio quieto de su protesta.
Seca su boca , vacía mano
mendigando paciencia
a la negra conciencia
del ser humano.
Sobre el andar miserable
de su lucha indomable
Al despertar cada día
Con la huella imborrable
de su fiel pesadia.
En el soleado vespertino
En el apogeo de su intoxicación.
Tilda al tiempo de adivino.
A los hombres de cretinos.
En su vaga dimensión
Al mar, lo acusa de asecino.
Al viento digno de traición.
y entre el sueño y la ilusión
dibuja nubes de carbón
En lo más bajo de su noción
pide a gritos compasión!