EL MERCADO DE LOS SENTIDOS
Le imagina, en su tenderete, andaluza y morena,
con su moño despeinado, sus rizos y su peineta,
sosteniendo sus faldas con volantes y vuelo.
Puede oler el jazmín de su aroma, la lavanda,
el agua de rosas, las castañas recién hechas,
el incienso y el chocolate negro.
Le imagina entre la muchedumbre y la algarabía
de gentes disfrazadas de cortesanos y plebeyos.
De entre todos los ruidos hay uno que más le inquieta.
Es un ulular que se alarga en el tiempo.
Y entonces, ya inquieto, espeta a la muchacha:
Carmen, Carmen ¡Tocáme ¡ ¡Dime algo!.
Que aunque no te vea, ya te estoy imaginando.
Y entonces el búho, de los brazos de la muchacha,
remonta el vuelo.
Le imagina, en su tenderete, andaluza y morena,
con su moño despeinado, sus rizos y su peineta,
sosteniendo sus faldas con volantes y vuelo.
Puede oler el jazmín de su aroma, la lavanda,
el agua de rosas, las castañas recién hechas,
el incienso y el chocolate negro.
Le imagina entre la muchedumbre y la algarabía
de gentes disfrazadas de cortesanos y plebeyos.
De entre todos los ruidos hay uno que más le inquieta.
Es un ulular que se alarga en el tiempo.
Y entonces, ya inquieto, espeta a la muchacha:
Carmen, Carmen ¡Tocáme ¡ ¡Dime algo!.
Que aunque no te vea, ya te estoy imaginando.
Y entonces el búho, de los brazos de la muchacha,
remonta el vuelo.