Javier B
Poeta fiel al portal
La partida
¿Por qué me sabe el día a lágrima encendida
mientras camino con el sol que se levanta?
me llevo un sueño, mi café, mi alma herida
y un fuerte nudo que se ciñe a mi garganta.
Atrás quedó mi pueblo hundido en la miseria,
y unos recuerdos que me pesan como losa,
un sueño roto que, al dejar la periferia,
me dijo adiós con su mirada dolorosa.
Atrás dejé los ojos tristes de mis viejos,
ojos cansados con presagio de tormenta
que me contemplan por detrás de los espejos
de aquellas lágrimas de adiós del que se ausenta.
Dejé a mi amada y a mis hijos, dejé todo
para ir en pos de una ilusión en tierra extraña,
quedó mi orgullo revolcándose en el lodo,
abrí un suspiro y me alejé de mi cabaña.
El Camino
La tarde acude con la lágrima que escancio,
mientras camino con el sol a mis espaldas,
el viejo monte que contempla mi cansancio
sacude el polvo vespertino de sus faldas.
Ayer vi a un lobo devorando a una gacela
miré el ultraje de su ropa desgarrada
volví mi vista, como todos, con cautela
y como todos, me callé sin hacer nada.
Y me llamaron extranjero e indeseable
con voces roncas de aguardiente y xenofobia,
frases hirientes que me cortan como sable
y un odio ardiente y pretencioso que me agobia.
Siento las garras del temor en mis entrañas
y tengo miedo de poner otra mejilla,
el sueño trepa lentamente a mis pestañas
y se convierte, poco a poco, en pesadilla.
El arribo
Se alza a lo lejos en un tímido horizonte
la voz del día que despide a la alborada
y la esperanza, como terco polizonte,
alza su rostro y me sonríe amodorrada.
Se oye el murmullo que antecede a nuestro arribo
a la frontera de la tierra prometida,
cansado, hambriento y con el miedo en el estribo
contemplo el cuadro que nos da la bienvenida.
Hemos llegado ante los pies de su custodio,
un muro inmenso que divide nuestra suerte,
tiene ladrillos de prejuicios y de odio
que va creciendo, dia a día, muerte a muerte.
Allá a lo lejos se vislumbran ya las luces
y el cielo azul se abre infinito cuando escampa,
me tiembla el alma cuando veo tantas cruces,
y me pregunto si es que aquello es una trampa.
El regreso
Hemos tratado muchas veces sin lograrlo
de atravesar esa muralla y esos odios
y me confiesan las estrellas con que charlo
que mis afanes son sus nuevos episodios.
Me encuentro triste, desolado y tengo hambre
de los abrazos y el amor de mi familia
¿será que el muro de tragedias y de alambre
vale las lágrimas que vierto en mi vigilia?
He decidido regresar a mi terruño
siguiendo el rastro de mis lágrimas vertidas,
guardo mi orgullo y en silencio aprieto el puño
para aplacar la indignación de mis heridas.
Y me llamaron extranjero y un cobarde
los montes viejos que flanquean el sendero,
y en las noticias un político hace alarde
de la intención de proteger el forastero.
Ya se avizora el perfil de la montaña
que abriga el pueblo donde vivo y lo celebro
aquí conmigo viene el sol que me acompaña
y una oración que me da paz cuando me quiebro.
Miro el contorno de mi casa y se hace un nudo
en mi garganta al concluir mi viaje errante
y cuando abrazo a mi familia me sacudo
tal vez el último gemido del migrante.
- Javier
¿Por qué me sabe el día a lágrima encendida
mientras camino con el sol que se levanta?
me llevo un sueño, mi café, mi alma herida
y un fuerte nudo que se ciñe a mi garganta.
Atrás quedó mi pueblo hundido en la miseria,
y unos recuerdos que me pesan como losa,
un sueño roto que, al dejar la periferia,
me dijo adiós con su mirada dolorosa.
Atrás dejé los ojos tristes de mis viejos,
ojos cansados con presagio de tormenta
que me contemplan por detrás de los espejos
de aquellas lágrimas de adiós del que se ausenta.
Dejé a mi amada y a mis hijos, dejé todo
para ir en pos de una ilusión en tierra extraña,
quedó mi orgullo revolcándose en el lodo,
abrí un suspiro y me alejé de mi cabaña.
El Camino
La tarde acude con la lágrima que escancio,
mientras camino con el sol a mis espaldas,
el viejo monte que contempla mi cansancio
sacude el polvo vespertino de sus faldas.
Ayer vi a un lobo devorando a una gacela
miré el ultraje de su ropa desgarrada
volví mi vista, como todos, con cautela
y como todos, me callé sin hacer nada.
Y me llamaron extranjero e indeseable
con voces roncas de aguardiente y xenofobia,
frases hirientes que me cortan como sable
y un odio ardiente y pretencioso que me agobia.
Siento las garras del temor en mis entrañas
y tengo miedo de poner otra mejilla,
el sueño trepa lentamente a mis pestañas
y se convierte, poco a poco, en pesadilla.
El arribo
Se alza a lo lejos en un tímido horizonte
la voz del día que despide a la alborada
y la esperanza, como terco polizonte,
alza su rostro y me sonríe amodorrada.
Se oye el murmullo que antecede a nuestro arribo
a la frontera de la tierra prometida,
cansado, hambriento y con el miedo en el estribo
contemplo el cuadro que nos da la bienvenida.
Hemos llegado ante los pies de su custodio,
un muro inmenso que divide nuestra suerte,
tiene ladrillos de prejuicios y de odio
que va creciendo, dia a día, muerte a muerte.
Allá a lo lejos se vislumbran ya las luces
y el cielo azul se abre infinito cuando escampa,
me tiembla el alma cuando veo tantas cruces,
y me pregunto si es que aquello es una trampa.
El regreso
Hemos tratado muchas veces sin lograrlo
de atravesar esa muralla y esos odios
y me confiesan las estrellas con que charlo
que mis afanes son sus nuevos episodios.
Me encuentro triste, desolado y tengo hambre
de los abrazos y el amor de mi familia
¿será que el muro de tragedias y de alambre
vale las lágrimas que vierto en mi vigilia?
He decidido regresar a mi terruño
siguiendo el rastro de mis lágrimas vertidas,
guardo mi orgullo y en silencio aprieto el puño
para aplacar la indignación de mis heridas.
Y me llamaron extranjero y un cobarde
los montes viejos que flanquean el sendero,
y en las noticias un político hace alarde
de la intención de proteger el forastero.
Ya se avizora el perfil de la montaña
que abriga el pueblo donde vivo y lo celebro
aquí conmigo viene el sol que me acompaña
y una oración que me da paz cuando me quiebro.
Miro el contorno de mi casa y se hace un nudo
en mi garganta al concluir mi viaje errante
y cuando abrazo a mi familia me sacudo
tal vez el último gemido del migrante.
- Javier
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