Nommo
Poeta veterano en el portal
Te compadeces de mí, pues estoy enfermo.
Lo que ocurre es que mi detrimento no es substancial.
Ni mi sufrimiento, exponencial.
Se trata, nada más y nada menos, que de la Cenicienta.
Para ser buen jefe, antes he de trabajar.
Y no es esclavitud, sino el Amor por el hogar, dulce hogar, que es espacioso, por suerte.
En peores plazas hemos toreado, sin lugar a dudas.
Pisos y apartamentos, en los cuáles las paredes oyen.
Y el piano resuena allende las fronteras de mi habitación...
Me gusta el jardín, y el seto de cipreses que lo delimita, como frontera.
Me siento gris, como la Magia.
Y así es la mano izquierda.
La diestra es Gozo: Blanco, rojo y negro.
Y te amo y te sorbo. Infusión beata... Inocente mulata. Crucifijo de plata y de madera.
Te levantas por la mañana, temprano.
Somos como Romina Power y Al Bano.
Como los huevos duros, con atún en conserva y mahonesa.
Inseparables... Quizá no muy famosos.
Pero sí, asombrosos.
Como buenos esposos. Somos capaces de untar con pegamento, al leproso. Y que se reúna,
consigo mismo.
Para dar un gran salto, por encima del abismo.
Resultando ser, finalmente, un hombre de los pies a la cabeza.
Que brinda, con una jarra de cerveza.
Lo que ocurre es que mi detrimento no es substancial.
Ni mi sufrimiento, exponencial.
Se trata, nada más y nada menos, que de la Cenicienta.
Para ser buen jefe, antes he de trabajar.
Y no es esclavitud, sino el Amor por el hogar, dulce hogar, que es espacioso, por suerte.
En peores plazas hemos toreado, sin lugar a dudas.
Pisos y apartamentos, en los cuáles las paredes oyen.
Y el piano resuena allende las fronteras de mi habitación...
Me gusta el jardín, y el seto de cipreses que lo delimita, como frontera.
Me siento gris, como la Magia.
Y así es la mano izquierda.
La diestra es Gozo: Blanco, rojo y negro.
Y te amo y te sorbo. Infusión beata... Inocente mulata. Crucifijo de plata y de madera.
Te levantas por la mañana, temprano.
Somos como Romina Power y Al Bano.
Como los huevos duros, con atún en conserva y mahonesa.
Inseparables... Quizá no muy famosos.
Pero sí, asombrosos.
Como buenos esposos. Somos capaces de untar con pegamento, al leproso. Y que se reúna,
consigo mismo.
Para dar un gran salto, por encima del abismo.
Resultando ser, finalmente, un hombre de los pies a la cabeza.
Que brinda, con una jarra de cerveza.
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