Ángel San Isidro
Poeta que considera el portal su segunda casa
A veces la vida se hace tan insoportable,
que tódos necesitamos una verdadera cura
de sana humildad del que sufre su calvarío
particular de ésa palabra que tánto le asusta
porque no es otra más de su diccionario usual
ni se llama esa palabra tan normal y predecible,
la temida soledad;
Tanto teme ese buen hombre tan insidiosa vulgar,
maldita palabra para creer que el destino estaba
escrito para llevarle a ser testigo de un gran dolor,
soportable de una caricatura muy espantosa para
con su abobinable palabra temer volver a caer en
ese vacío espiritual de la verdad de una fastidiosa
de nerviosa vara de avellano que fustiga mi trasero
mientras yo me esmero;
Para valorar su camino que tánto le obliga al recorrer,
su destino como una persona de un caracter incrédulo
que sólo piensa en reconocerse a si mismo para dejar de,
lado esa absurda persona muy incapaz que se siente un
un tonto gran miserable.
El Miserable
Nunca imaginó que la vida
pudiera hacerse tan insoportable;
Nunca escribió en su frente
la palabra, miserable.
Autor: Ángel San Isidro
Todos los Derechos Reservados
que tódos necesitamos una verdadera cura
de sana humildad del que sufre su calvarío
particular de ésa palabra que tánto le asusta
porque no es otra más de su diccionario usual
ni se llama esa palabra tan normal y predecible,
la temida soledad;
Tanto teme ese buen hombre tan insidiosa vulgar,
maldita palabra para creer que el destino estaba
escrito para llevarle a ser testigo de un gran dolor,
soportable de una caricatura muy espantosa para
con su abobinable palabra temer volver a caer en
ese vacío espiritual de la verdad de una fastidiosa
de nerviosa vara de avellano que fustiga mi trasero
mientras yo me esmero;
Para valorar su camino que tánto le obliga al recorrer,
su destino como una persona de un caracter incrédulo
que sólo piensa en reconocerse a si mismo para dejar de,
lado esa absurda persona muy incapaz que se siente un
un tonto gran miserable.
El Miserable
Nunca imaginó que la vida
pudiera hacerse tan insoportable;
Nunca escribió en su frente
la palabra, miserable.
Autor: Ángel San Isidro
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