IOAN CRISTINEL ZAHARIA
Poeta recién llegado
La luz se ha mitigado en fragmentos de cristal,
Cuando el verano comenzó a pisar umbrales de arcilla,
Y la amapola de los campos, como un cáliz real,
Recoge en sus copas su estremecimiento y su frágil misterio.
¡Oh, sangra el campo de tanta belleza!,
Un estremecimiento de pétalos encendidos bajo el cielo cegador;
El pesado perfume de la hierba se desborda con dulzura,
Llevado en un suave susurro sobre las alas del extraño volador.
No es solo color puro, es una oración encendida,
Por corazones que ahora callan y se han sacrificado al viento,
Una llama eterna que ninguna mano ha extinguido,
Que sube desde el corazón de esta tierra fértil.
A las flores ya no les importa el orden o la armonía,
Cuando pasan los filósofos con sus leyes estrictas;
El niño solo mira con viva alegría
Cómo una mariposa en la hierba duerme junto a la amapola ardiente.
La tarde cierra el baile de las amapolas, solemne y gracioso,
El perfume rústico del día desciende sobre las colinas,
Y las amapolas dejan su rojo pastel, en un último aliento,
Bajo el cielo demasiado azul, siempre lleno de misterio.
Cuando el verano comenzó a pisar umbrales de arcilla,
Y la amapola de los campos, como un cáliz real,
Recoge en sus copas su estremecimiento y su frágil misterio.
¡Oh, sangra el campo de tanta belleza!,
Un estremecimiento de pétalos encendidos bajo el cielo cegador;
El pesado perfume de la hierba se desborda con dulzura,
Llevado en un suave susurro sobre las alas del extraño volador.
No es solo color puro, es una oración encendida,
Por corazones que ahora callan y se han sacrificado al viento,
Una llama eterna que ninguna mano ha extinguido,
Que sube desde el corazón de esta tierra fértil.
A las flores ya no les importa el orden o la armonía,
Cuando pasan los filósofos con sus leyes estrictas;
El niño solo mira con viva alegría
Cómo una mariposa en la hierba duerme junto a la amapola ardiente.
La tarde cierra el baile de las amapolas, solemne y gracioso,
El perfume rústico del día desciende sobre las colinas,
Y las amapolas dejan su rojo pastel, en un último aliento,
Bajo el cielo demasiado azul, siempre lleno de misterio.